15 de febrero de 2006

El diseño, en negro


Se sabe que los derechos laborales han sufrido innumerables embates en los últimos años. Y no sólo en la Argentina.

Algunos de estos derechos tienen relación con el salario y su composición impositiva (aportes patronales, presentismo, obra social, sindicato, etc.).

Declarar legalmente a un trabajador y pagarle lo acordado tomó popularmente el nombre de "blanquear". Quien trabaja en esas condiciones, trabaja "en blanco". O sea, "por derecha" (otra expresión popular que denota corrección; ¿porqué será que lo que va por izquierda es incorrecto?).

En la Argentina hay una enorme cantidad de personas que trabajan "en negro": por contraposición obvia, aquello que no es "en blanco". Es decir, sin aportes jubilatorios, sin obra social, sin ART (riesgos laborales), sin derechos indemnizatorios, etc.

Lo que aquí nos ocupa es una iniciativa del gobierno. Se trata de "blanquear" a uno de los grupos de trabajadores más postergados: los trabajadores domésticos "por horas".

Según la AFIP los trabajadores domésticos son: "los que realizan actividades de mucamas, niñeras, cocineras, jardineros, caseros, amas de llaves, damas de compañía, mayordomos, institutrices, nurses o gobernantas; siempre y cuando trabajen, para un mismo dador de trabajo, como mínimo 6 horas semanales."

Esta iniciativa, decíamos, gubernamental, tiene un valor más importante desde lo conceptual que desde lo económico: el aceptar una realidad callada durante años y mover ciertos mecanismos burocráticos para ensayar un principio de solución.

Vale la intención.

El paso siguiente a la elaboración de este tipo de políticas es su comunicación social. Comunicarlo a la sociedad. Contárselo a quienes serán objeto de incumbencia de la medida. Enterarlos de lo que se decidió. A beneficiarios y a empeladores. Responder preguntas como cómo hacer para cobrar, para inscribirme o para que me inscriban, para reclamar si no me quieren inscribir o si me echan porque insistí demasiado...

Allí entra en escena el bendito diseño gráfico.

Hablamos ya de la contraposición, de la oposición entre el trabajo "en blanco" y el trabajo "en negro". Elementos de alto contraste (el más alto) que pueden ser semilla de un buen partido gráfico. Uno fuerte.
Hablamos también de lo postergados, y muchas veces bastardeados, que son los trabajadores domésticos (más que nada, trabajadoras, ya que suelen ser mujeres).

También podemos intuir cómo son los tiempos del Estado. No es difícil imaginar que las negociaciones entre los distintos ministerios, secretarías, reparticiones, sub-secretarías, etc... hayan insumido, por decirlo así, unas "100 unidades de tiempo" y que el tiempo asignado a la producción de la propuesta gráfica sea de apenas 10 de estas imaginarias "unidades de tiempo". Incluyendo las instancias de presentaciones, correcciones y aprobaciones.

Lo cierto es que la campaña pública se basa en una marca confusa, a mitad de camino entre un huevo y un ojo caricaturizado. Un eslógan o frase fuerza concreto: "El trabajo, en blanco", echando mano a la expresión por todos comprendida. Claro que la marca contradice a su eslógan... ya que queda espacio para el trabajo "en negro" dentro de la mismo signo que pretende negarlo o suprimirlo. Nada indica gráficamente que el área blanca avanza sobre la negra ni que sea efectivamente esa la intención del diseñador encargado de realizar el signo.

Quizá el magenta, fucsia o como sea que se llame el color elegido para el fondo tenga por tarea "llamar la atención". Quizá el presupuesto de imprenta contemplaba sólo dos colores. O quizá faltó probar otras opciones.

A todo esto se le suman muy flojos afiches de vía pública, avisos en medios gráficos, digitales, radiales... una campaña hecha y derecha, fuerte en su contenido.

Y muy débil en su forma.