7 de julio de 2010

Semilla


Cada tanto tengo arranques de tipógrafo. Ganas de diseñar un alfabeto. Después, se me pasan y sigo siendo un simple voyeur tipográfico, como tantos otros diseñadores.
Aunque este bello 9 de punta chata se merecería un esfuerzo...
No me digan que no es lindo.

Brocha gorda

Esta imagen, borrosa, casi clandestina, dice poco.

Entonces, cuento: es una foto tomada desde la avenida Lugones, con un celular, de noche, con poca luz y en movimiento. En resumen: un desastre.

Lo que quise retratar es la maestría absoluta de un anónimo señor que, brocha gorda en mano, trazaba el outline de gigantescas letras para que luego otro señor, rodillo en mano, las rellene.

La velocidad, el profundo sentido de la proporción y la sólida armonía del sistema de signos que esa persona materializaba con los ágiles movimientos de su brazo, me hablaron, durante los pocos segundos que pude admirar su trabajo, de un oficio y de una mano envidiablemente entrenada.

El texto era "KIRCHNER CONDUCCIÓN" o algo por el estilo.

5 de julio de 2010

Legibilidad


El partido de Avellaneda tiene casi 350.000 habitantes. Es uno de los distritos importantes del llamado Gran Buenos Aires. Las calles y avenidas de Avellaneda están señalizadas —cuando lo están— con carteles como el que se ve en la foto. Escribo cuando lo están porque, si uno no vive allí o conoce la zona, es muy común perderse ya que es una verdadera lotería encontrar pruebas de por cuál calle se transita o a qué altura se está. Amén de que las calles suelen acumular varios nombres simultáneos (cuando no números) y las señales, en algunos casos pintadas en paredes o ¡en los cordones de las esquinas, a ras del piso!, brillan por su ausencia. Y cuando están presentes, son de una deficiencia absoluta.

Nada tengo en contra del letrismo y me fascina la letra manuscrita. El problema aquí es la pertinencia del recurso...

¿Porqué, me pregunto, un partido importante como éste (y como tantos otros, entre ellos Lanús, Marcos Paz, Ezeiza, etc.) no genera un sistema de señalización de calles de un modo profesional y programado?
¿Cuánto dinero puede costar realizarlo? ¿O no es ese el problema?
¿La cartelería pintada a mano se apoya en una tradición o es mera desidia gubernamental?
Y a propósito, ¿el gobierno de la provincia de Buenos Aires no debería propiciar e impulsar el desarrollo de un sistema de señalética urbana que esté a la altura de los millones de personas que viven y transitan día a día—hasta circunstancialmente, como en mi caso— el GBA?

Por último, esta suerte de tierra de nadie en lo que a señalización urbana se refiere ¿no impacta, en cierto modo, en la calidad de vida de la gente?

Temas aparte son el deficiente alumbrado público y el casi nulo respeto, sobre todo por las noches (inseguridad mediante), que se tiene en aquellas tierras por los semáforos y por las más elementales normas de tránsito pero lo de los carteles me llama la atención de manera especial, ya que los años que hace que el escenario es el mismo da para pensar que a nadie le interesa el tema.

Ya es tiempo, una vez más, de poner el diseño al servicio de la gente.