28 de junio de 2011

Descenso


Hace algunos años algunos clubes empezaron a tener gerentes de marketing.

La híperprofesionalización del fútbol, el deporte más popular del planeta, lo convirtió en un meganegocio de proporciones varias veces millonarias que merece más atención que la meramente pasional y folclórica. Hay empresarios que pusieron el ojo en esta usina de dinero que es un club de fútbol cuando tiene la convocatoria suficiente.

River Plate es, desde hace unos años, una marca. Ya no es sólo un club, una asociación civil sin fines de lucro gobernada por sus socios. O sí, es eso y también es una marca. Una marca con su fluctuante valor económico y con sus propias necesidades de gestión y atención.

River Plate descendió al Nacional B. Con el club, descendió su marca.

Me pregunto cuánto impactará este descenso en su imagen. Cuánto se devaluarán sus activos y cómo impactará esto en sus finanzas, ya de por sí en un rojo crítico. Qué estrategias se perfilarán para atenuar el impacto de la caída.

Conste que clubes como River hace rato que no viven de la venta de entradas y la diversificación de sus ingresos lo ha llevado a seguir el camino de su "primo" y polo opuesto, Boca Juniors: la creación y comercialización de productos oficiales, un museo en el cual rendir homenaje a su historia, giras por distintos lugares del mundo, etc...

Hoy River, cargadas aparte, ha descendido. Y el descenso no es solo deportivo, es también económico y marcario. Todavía no hemos llegado al extremo europeo en el cual algunos clubes cotizan en Bolsa, pero quizá alguna vez se puedan medir con exactitud los alcances e incidencias de este tipo de derrotas en el patrimonio marcario de un club.

Antes descender afectaba sólo a las emociones y marcaba a fuego la historia de un equipo. Hoy, es eso y bastante más: afecta a la marca. Y la marca no es el escudo, que quede claro.

15 de junio de 2011

Palimpsesto urbano


Algunas paredes son enormes palimpsestos. Semana a semana se suman apellidos, fechas, cargos, todo escrito con maravillosas letras que nacen veloces y gigantes sobre finas capas de cal diluida.

La sofisticación de las campañas, la explotación de los nuevos medios dospuntocero y la diversificación de piezas y herramientas no han logrado reemplazar a la eterna pinceleta ni a la agilidad de los señores que, generalmente de noche, se encargan de anunciarnos a todos quién será el nuevo elegido.

Vamos que venimos


De la reciente campaña de Mauricio Macri para Jefe de Gobierno uno puede sacar algunas rápidas conclusiones:
  • El PRO no existe más.
  • Si existiera, ¿porqué no figura su marca en los afiches? Con lo que cuesta construir una marca —y más en la política— no se explica su ausencia.
  • El amarillo PRO sí existe.
  • Ya un asesor le dijo que se quite el bigote... Ahora otro asesor le ha dicho que lo favorece ponerse tres cuartos perfil izquierdo. (¿Alguien mide realmente de qué modo impactan esas decisiones en los votantes? ¿Porqué votar a alguien que se afeita el bigote sólo porque un asesor de imagen se lo dice y, por otro lado, si gana y gobierna cuatro años más, no terminará haciendo lo que le pidan otros señores, más poderosos que un asesor de imagen?)
  • La idea de sacarle fotos con un teleobjetivo, como a lo lejos, descubriéndolo en charlas amenas con conciudadanos, es novedosa dentro del rubro "campaña política de personas, no de partidos".
  • Lo criticable es que Macri ¡siempre pone la misma cara! Los afiches parecen series de fotos tomadas en distintos escenarios pero con un muñeco vivo de Mauricio que se empeña es mantener siempre la misma mueca.
  • Sí, votamos personas, no partidos. Y esa es una de las grandes trampas de la política argentina.
  • La flecha, esa suerte de play negro que iba hacia adelante, con supuestas nuevas ideas, nuevas 'pro'puestas, se descompone en un entramado colorido en donde ya no hay flecha, ni adelante, ni atrás, ni propuestas... Ah, y la paleta de colores es gay friendly (es un chiste, malo, pero chiste al fin)
  • Ya se ha criticado en algunos medios que el eslógan Vos sos bienvenido de algunas de las piezas de vía pública es restrictivo y discriminador. Sin rasgarse demasiadas vestiduras, uno puede asegurar que basar una campaña en estereotipos ("el" obrero, "la" médica, "el" oficinista, "el" punk, "el" hincha de River... etc.) además de no ser original, es un error: siempre habrá quien se sienta excluido y, además, no es creíble ya que, a esta altura, ya casi todos sabemos que los personajes de los afiches son... ¡modelos contratados!
  • Juntos venimos bien... ¿De dónde venimos? Y sobre todo, ¿a dónde vamos?

9 de junio de 2011

¡Dígale chau al peluche!





Pueden ser más o menos simpáticas, pero no deja de ser intrigante la necesidad de crear mascotas para eventos deportivos.

De un tiempo a esta parte —la primera fue Waldi, un perro salchicha creado para los JJOO de Munich, en 1972— las mascotas han sido animales representativos del lugar en el que se desarrolla la competencia así como también personajes fantásticos salidos de la mente de alguien pero conjugando en su caracter el humor que se pretende darle a la competencia.

¿Será que a los niños les agrada más la presencia de la mascota?
Quizá haya algo de eso: recuerdo que el muñeco de Misha, el oso de Moscú '80, me despertaba mucha ternura...

¿Se venderá más merchandising a causa de su presencia?
Sin dudas y en estos tiempos no estamos hablando de simples muñecos de peluche o remeras...

Los Juegos Olímpicos son un evento multimillonario que inexorablemente va dejando cada vez más atrás el espíritu amateur y el mens sana in corpore sano que otrora alimentara su razón de ser, por lo que cada paso que se da tiene que estar minuciosamente planificado y no es imaginable que no haya concienzudos testeos y estudios previos al lanzamiento de cada una de las piezas que configuran el complejo entramado que soporta a la comunicación pública e institucional de un evento de tal magnitud.

A la al menos extraña marca desarrollada por Wolff Olins para los JJOO de Londres 2012 —trabajo que despertó mucha controversia y que costó, según dicen, la friolera de 400.000 libras—, se suma la presentación de Wenlock y Mandeville, las mascotas de los juegos olímpicos y paralímpicos, respectivamente.

Recibo a Wenlock (abajo) y a Mandeville (arriba) desde lejos, pero con la sorpresa que causa una figura extraña; cíclopes cuyos ojos son cámaras (¿qué otra cosa podían ser?), metalizados y aerodinámicos cuya materialización en los eternos y ridículos muñecos animados por algún pobre y sudoroso voluntario es improbable, sino imposible.

Es más, es posible apostar a que sus apariciones serán sólo digitales, sobreimpresas virtual y artificialmente en pantallas y monitores pero invisibles en el mundo de lo real, lo que era, creo, el encanto de las mayoría de sus predecesoras, aún con sus defectos de fabricación.

Ya puedo imaginarme a ambos presentes en videojuegos, en celulares, en iPads e iPhones, en televisores HD, jugueteando con los atletas o presentando un nuevo récord muy probablemente sustentado en un dóping que se descubrirá a los pocos meses, dejando sin medalla a su dueño y manchando un poco más a un tigre al que ya no le molestan para nada sus manchas.

Wenlock y Mandeville —creados por una agencia llamada iris aunque se parezcan más a un producto de Pixar— son las primeras mascotas customizables, según sus creadores.

Es muy interesante
esta aproximación de la BBC al tema y, más aún, el sitio oficial, en donde se va llenado lentamente la vasija del contenido con películas, una sección "armá tu mascota", pequeñas encuestas, accesos a la tienda oficial y los infaltables facebooks y twitters...

Yo, que soy bastante nostálgico para algunas cosas, sigo extrañando a Misha. Y me doy cuenta de que en eso hay parte de la respuesta de para qué cuernos sirven las mascotas.

7 de junio de 2011

Azar


La otra noche, tarde, recalé en esta pizzería, Squzi, que queda en Callao y Corrientes. Si bien la madrugada de la avenida Corrientes siempre tiene algo de lúgubre me gustó ese lugar, me atrajo su diseño y su iluminación. Allí, pude contemplar su simpático menú y ver de cerca su marca. Pero lo más divertido fue ver las alteraciones de la marca que el azar, sumado a un registro descontrolado, hizo en las servilletas de papel...

No sé si habrá sido la hora o qué, pero casi como que me parecieron mejores muchas de las variantes defectuosas de la marca original que la marca original misma.


(Un saludo especial para el pizzero que hizo un panqueque de dulce de leche a las 2.30 am)