2 de enero de 2008

Estaría bueno barajar y dar de nuevo...

Sin duda, los problemas de una megaciudad como Buenos Aires no pasan sólo por el diseño gráfico de sus mensajes institucionales o de la comunicación pública en general. Pero sin duda, repito, aceitar ese mecanismo (el de la comunicación) al máximo será un punto a favor que despejará nubes de cualquier gestión.

Luego del intento de comienzos de los '70 (González Ruiz y equipo) cuya implementación sufrió el paso del tiempo y sobre todo el 'uso', el trabajo de generar para la ciudad un nuevo sistema gráfico y discursivo coherente lo encaró el gobierno de Anibal Ibarra.

La identidad de la ciudad de Buenos Aires, a fuerza de naranja y negro, fue cobrando peso. Antes, el armado de un equipo de trabajo idóneo y después, el progresivo y programado rediseño completo del gigantesco 'corpus' gráfico de una ciudad como Bs.As.: los impuestos, vehículos, señaléticas, afiches, y demás conglomerados de piezas gráficas (valiéndose de, por ejemplo, la generación de imágenes fotográficas genuinas de la ciudad) fue una obra titánica que parecía haber llegado a un buen puerto, estabilizándose su reconocimiento y generándose el anhelado sentido de pertenencia que todo trabajo de esas características persigue.

Las dependencias del gobierno empezaron lentamente a adquirir cierta coherencia interna (sólo gráfica; la burocracia no entiende de lógica). La órbita de los mensajes institucionales era clara, basada en el manejo estable del plano y de las proporciones de los elementos.

Los espacios y obras públicas se reconocían como tales con más facilidad, producto de una señalización a tono con su superestructura: el programa de comunicación de la ciudad.

En resumen, Buenos Aires se volvía, gráficamente, una ciudad fuerte. Los problemas habitacionales, sociales y de otras índoles no se resuelven con buenas marcas, eso está claro...

El primer revés al sistema se lo dió Jorge Telerman, otrora vicejefe de gobierno de Anibal Ibarra, devenido Jefe, post-destitución de Ibarra (post-Cromañón). Telerman comenzó un inexplicable replanteo de algunas piezas bien visibles del sistema, por ejemplo, las ambulancias del SAME (que habían cobrado una exposición notoria en Cromañón y por el programa de televisión 'E24'). La intervención de la gestión Telerman en este botón de muestra anunciaba cambios innecesarios que sin duda iban a propagarse a la brevedad hacía otras piezas.

Y así fue: Telerman abrió fuego contra la marca (gobBsAs) y arremetió con su 'a+' (amás Buenos Aires / actitud positiva) que empezó a convivir a regañadientes con su 'marca madre' hasta llegar a desplazarla por completo. Viró al azul lo que antes era naranja y negro; agregó al 'a+' una torpe síntesis de un fileteado porteño y comenzó a confundir a todos ya que, es inevitable, convivían en la calle innumerables piezas de la marca 'gobBsAs' con las de 'a+'.

El tema es que Telerman no tuvo mucho tiempo para desplegar su plan de comunicación: perdió las elecciones y tuvo que irse. Gráficamente hablando, su gestión debilitó sin razones explícitas la marca 'gobBsAs' y no llegó a afianzar 'a+'. Es decir, ni una cosa ni la otra.

El flamante Jefe de Gobierno es Mauricio Macri. Un hombre del 'palo empresarial', con fuerte conciencia del valor de una buena marca (sin caer, podemos imaginar, en las ingenuidades de si es "linda" o "fea"). De hecho, a caballo de un amarillo furibundo, su campaña tuvo una fortísima presencia gráfica (aunque flaca en contenidos...) y su '>pro' se convirtió en una marca apuntalada, estable.

Con semejante manifiesto (gráfico, insisto) pre-electoral, la duda era ¿qué hará Macri con la imagen de la ciudad?

La respuesta, para quienes no formamos parte de la 'cocina' o para quienes no tenemos acceso a quienes sí tienen acceso a ella, se ve en la calle. Y en la calle se vieron en estos días algunos afiches que dan por tierra ambos trabajos anteriores: 'gobBsAs' y 'a+'. Se observa una barra gris, al pie, con la leyenda "Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires". Un paso atrás, que desconoce méritos previos (no los de 'a+', ciertamente) confundiendo una vez más gestiones con aciertos puntuales. Lo único que sobrevive es la tipografía, eterna palo-seco.

¿Se lee como un gesto de debilidad política aceptar que el trabajo del equipo de comunicación armado en la gestión Ibarra trabajó con profesionalismo y generó resultados satisfactorios en el ámbito de la comunicación pública de la ciudad? ¿No es torpe no entender que la comunicación pública (bien administrada, sistematizada y programada) de una ciudad trasciende cualquier bandería política o cualquier gobierno de turno? ¿Vamos a pagar nuevamente un trabajo que ya estaba bien hecho? ¿Porqué?

Habrá que esperar para ver qué hace Macri con este tema pero echar por la borda los logros obtenidos sólo porque los consiguió otro es un signo claro de la inmadurez política de quienes nos gobiernan, quienes confunden lo público con lo privado y creen que el acotado tiempo que ocuparán sus cargos delimita "un antes y un después" insoslayable que necesariamente implica barajar y dar de nuevo. Una vez más y aunque no haga falta.

Así lo han hecho los presidentes (por último, Kirchner con su "Argentina. Un país en serio."; es de esperar que su esposa lo mantenga...) y al menos por estos días así parece hacerlo Mauricio Macri, a poco de empezar a gobernar la ciudad de Buenos Aires.