6 de marzo de 2012

Dame fuego


Si uno está atento, en la calle puede encontrar pequeñas joyas. Caminando por el coqueto Belgrano di con esta institución de nobles fines, sita en la calle Cuba: la Asociación Pro-Ayuda al Quemado (APAQ).


A primera vista creí no entender bien la marca; me acerqué. Comprobé con una mezcla de amarga gracia y rotunda sorpresa mi sospecha: ¡Está en llamas! ¡Las siglas arden!


¿Qué oscura mente pudo resolver con una síntesis de llamas —llamas, además, avivadas por un viento que las potencia llevándolas de izquierda a derecha— la marca de una institución que se encarga de paliar las secuelas del fuego?


¿Qué afiebrado combo de directivos pudo haber aprobado semejante dislate?


¿Nadie se da cuenta, hoy en día, de que la impertinencia del recurso no podría ser más grande? ¿Qué más lejos de los intereses de APAQ, de sus loables objetivos, que el siniestro hecho de que las llamas envuelvan su mismísimo nombre? 


Paradójicamente, allí donde los efectos del fuego pretenden ser superados física y psíquicamente se encuentra, omnipresente, la semilla del mal.


Seguí caminando, entre asombrado e intrigado, sabiendo que todas mis preguntas quedarán, una vez más, sin respuesta.

6 de febrero de 2012

Abierta la inscripción


Algunos espacios de debate o de intercambio están nutriendo, año a año, un marco teórico que, si bien siempre parece ser flaco, desordenado y tardío, no deja de ser auspicioso y necesario para el diseño.


En los últimos años, en muchos de los enfoques y lecturas aplicadas a nuestra práctica, se pretende hasta cierto cientificismo que no se lleva del todo bien con el aspecto romántico de nuestra profesión: aquél que vincula las artes gráficas, el dibujo y la ilustración con la plástica y sus técnicas. Se habla, cada vez más, del diseñador como agente cultural; como estratega; como empresario; como traductor de planes de management; se exige del diseñador formación en marketing, semiótica, comunicación, economía y sociología.


En fin, no quiero extenderme demasiado, pero me resultó llamativo que, en estos tiempos de creciente divorcio entre lo manual y lo teórico, la Universidad de Palermo convoque a nuevos estudiantes representando al Diseño (a secas) como una explosiva mancha de gotas de colores las cuales parecieran intentar retratar la creatividad "alocada" o sin límites que se pretende enseñar en sus aulas.


El riesgo de resolver de ese modo un afiche es obvio: ¿cómo representar Derecho o Psicología? Pero más allá de esto, ¿cómo vincular ese goteo azaroso y pollockiano con una práctica que pareciera querer centrarse cada vez menos en lo instrumental, mirar cada vez más hacia otros horizontes, hacerse de otros vocabularios y abrevar en otras aguas? ¿Se verifica lo que enuncia ese afiche con lo que efectivamente propone el Plan de estudios y el perfil profesional? ¿O simplemente será que el autor del afiche es un nostálgico?

24 de enero de 2012

Alta suciedad


¿Que pasó bastante tiempo? Sí, pasó. Pero no quiero dejar pasar esta oportunidad que me da la web 2.0 de expresar mi descontento.

Si hubo otros sorprendidos o indignados o resignados, no lo sé.
Si hubo una explicación oficial, me la perdí.
Si fue un trasnochado homenaje a Michael Jordan, no lo entiendo.

¿Qué cazzo tiene que ver la silueta de un ágil basquetbolista con tirar los papeles en un tacho?
Sí, recuerdo la campaña que, allá lejos y hace tiempo, intentaba establecer esa relación, forzosa e imposible. Es más, hasta estencilearon "zonas pintadas" (como se le dice al área debajo del aro de básquet) en algunos cestos.

La realidad es que, Air Jordan sobreseído, de los insólitos cinco o más modelos de cestos que hay, hay poquísimos sanos; muchos de los que hay están repletos de basura esperando que algún amable recolector los desatragante y la ciudad es, en muchos barrios, una mugre inmunda a años luz del reciclaje y de la separación de residuos que tanto haría falta implementar.

23 de enero de 2012

Buena letra



Sólo caminando por la calle uno se encuentra con buen diseño. Quizá sea cierto que predomine el malo o el no-diseño... pero que hay del bueno, no hay dudas.


Es el caso de una marca con la que me topé hoy, a la tarde. Está lejos de ser novedosa (parece que es de 2008) pero yo no la había visto y, quizá por eso mismo, mi sorpresa fue más grata.


Entiendo que es en marcas como esta en donde se observa el buen trabajo, sesudo, de algún o alguna colega. Trabajo que, al fin y al cabo, hace la diferencia.


La palabra pertinencia debe ser de las más usadas en la jerga de los diseñadores gráficos. He aquí una buena manera de entender qué significa pertinente: para encarar el diseño de la marca de una editorial llamada Ángel Estrada es pertinente usar letras. Y si se pudiera encontrar un guiño, una forma de darle univocidad, identidad y singularidad a esas letras, ¡mejor todavía!


Y vaya si se logró el objetivo: a lo lejos, se observa una E cursiva, casi manuscrita; de cerca se perfila la a minúscula de Ángel, tijereteada convenientemente para ser una doble agente: a y E a la vez.


No sé ustedes, pero yo puedo convivir con la omisión de la tilde de Ángel tanto en el logotipo como en el nombre de la editorial. De hecho, se dice que para los nombres propios no corren las reglas ortográficas...

Antibacterial, antiséptico y antiahorro


Este no es un post sobre diseño gráfico, es verdad. Es sobre packaging (embalaje, en criollo). Y, específicamente, sobre el mal uso, abuso o liso y llano despilfarro de material presentes en el embalaje del Pervinox incoloro que Ud. puede encontrar en su farmacia amiga.


Lo fotografié luego de comprarlo (¡es verdad que no arde!) y de constatar, curioso ante ese compartimento hueco, que la mitad de la caja que contiene al vaporizador está vacía, albergando sólo al prospecto doblado y flotando suelto dentro de ese espacio cuya razón de ser no está para nada clara. Mi decepción fue tan concreta como mi pregunta "¿y esto para qué?".


Me suena extraño que un laboratorio de la talla de Phoenix no esté interesado en cuidar el medio ambiente (para producir cartulina también se talan bosques...) ni en reducir gastos superfluos como este (a grosso modo uno puede calcular que casi un tercio de la cartulina empleada en la caja podría ahorrarse) o que ni siquiera hayan reparado en esto.


Tampoco creo que la explicación de semejante abuso de caja sea la obtención de más presencia en góndola o lograr posicionar mejor al producto... El veredicto es, entonces, que aquí hay una grosera falla de diseño que no sería nada difícil componer. 


Señores de Phoenix, ¿tienen para anotar?

9 de enero de 2012

Una pegada


La reconocida marca de adhesivos, cementos y pastinas Klaukol cambió su marca. Según parece se presentó ante 600 invitados y la empresa dice orgullosa que "el nuevo logo (...) expresa cómo la empresa está adelante e innovando constantemente".


Más allá de refrendar o no ese enunciado, la sensación que yo tuve apenas vi a esta canchera K es que son dos bandas que se están despegando, sólo unidas por un pelito... y a duras penas.


¿Las habrán pegado con Klaukol?

12 de diciembre de 2011

La Robla de Barcelona


El amigo y colega Pablo Magne me solicita que analice esta pieza que se vio estas últimas semanas en el centro porteño.


Luego de que el gobierno dispusiera algunas medidas relacionadas a la compra y venta de divisas, al restaurante La Robla se le prendió la lamparita y decidió convocar a todo quien quiera escucharlo con una suerte de "¡A comer rabas y chupar cerveza que se acaba el mundo!" a través de un afiche cuya puesta tipográfica y sus modales hacen acordar a la gloriosa revista Barcelona.


En la calle, los afiches se destacan a puro codazo y grito y sorprenden por no tener absolutamente nada que ver con el firuleteo presente en los tradicionales locales de La Robla.


De más están, creo, las disquisiciones acerca de cuál es el público objetivo de la pieza y si luego de su pegatina aumentó las ventas de rabas... Este afiche es lo que es y no pretende mucho más: sale al ring a jugar con algo de humor y a, de paso, tratar de tentar a algún transeúnte que sienta un bagre picándole en el estómago.


Mozo, muy rico todo. ¿Me trae la cuenta?

Los salieris de Rodchenko


Y el pobre Alexander se revuelve en su tumba.

8 de diciembre de 2011

Marca personal, segunda parte


Finalmente, Personal cambió su marca. No era una campaña publicitaria efímera; era un cambio de imagen.


A priori, me atrajo el concepto de que cada uno tenga su propia marca de su empresa de telefonía celular, basada, la marca, en la propia grafía —en la propia escritura— y en aquello de que "cada persona es un mundo", derivando en algo secundario y no menos cierto: cada persona es, en alguna medida y grafólogos aparte, como su escritura.


Ese concepto, novedoso en el escenario de la identidad de este tipo de empresas de gran escala al que estamos acostumbrados, lamentablemente se queda en lo cosmético, en el maquillaje y en los cánones aceptados de armonía y belleza. Por otro lado, pensándolo bien, es absurdo creer que la empresa se propondría subvertir aquellos cánones... pero el saborcito a artificio, a impostura, a letras poco reales, que se siente en los avisos de Personal es sumamente molesto.


Las palabras Personal escritas por, supuestamente, sus variopintos clientes son todas muy parecidas, todas prolijitas, todas atadas a normas de buen gusto y proporción que, hoy por hoy, en el reino del teclado y del SMS, parecieran pecar de irreales, de mascaradas.


Hay un hecho: se escribe menos que antes y, con toda probabilidad, se escribe más feo. Esto último por no ser prioritaria, en la escuela primaria y secundaria, la ejercitación, que podríamos llamar caligráfica, que nuestros padres y abuelos sí hicieron y que redunda en letras quizá más impersonales pero rotundamente más bellas que las nuestras, que las actuales.


La nueva marca de Personal, en esta pose ficticia que construye, en donde todos estamos igual de contentos y escribimos igual de lindo, termina siendo lo que una modelo es a una mujer real: la exageración de lo constituido socialmente como bello y la anulación, por ser incómodos y de esquiva compartimentación, de los rasgos particulares, personales.