6 de agosto de 2013

Maso, maso...


Es sabido que en el terreno de las ideas políticas la identificación visual es sumamente importante. Basta pensar en la hoz y el martillo, en la cruz esvástica, en la estrella roja o en el Tío Sam para remitirse sin escalas a todo un ideario, condensado en esos símbolos. 

Cuenta la leyenda que Jorge Telerman, una vez que Aníbal Ibarra hubo caído en desgracia a consecuencia del incendio en Cromañón, se ocupó, lenta y armoniosamente, de apropiarse del inéditamente cuidado discurso gráfico que la gestión de Ibarra propulsó y alimentó mientras duró. Este vicio, que no es propiedad exclusiva de Telerman (todo gobierno que asume suele cambiar todas, pero todas, las figuritas por otras nuevas, confundiendo lo público con lo partidario), dio como resultado una marca que duró poco pero que se vió mucho: a+BA, lo cual en criollo, quiere decir actitud positiva en Buenos Aires. O bien ¡actitud positiva, Buenos Aires!... No sé.

El hecho es que Sergio Massa y su equipo de comunicación, si es que acaso eso existiera, se dieron cuenta de que Massa puede descomponerse en más y A, por ende, simplificando: + y a. 

¡Eureka!... +a (léase masa).

Si se deja de lado el chiste de su apellido, qué cuernos quiere decir "más a" es un misterio más para la antología de campañas políticas argentinas que alguna vez se escribirá. Lo llamativo es que se apele a un signo casi idéntico, con pocos años de diferencia (Telerman terminó su mandato en 2007), para representar dos cosas bien distintas: pese a que Telerman y Massa pueden decir ser los dos peronistas, está claro que no son iguales porque, si lo fueran, estarían compartiendo el mismo espacio y Jorge —que sería candidato a algo— le le habría prestado con gusto su marca a Sergio ya que para un peronista no hay nada mejor que otro peronista.

25 de junio de 2013

Giro en descubierto



Si a algo deberíamos renunciar todos los diseñadores gráficos es a ser originales. Entiéndase por original a aquello completa y genuinamente novedoso, que no le tributa nada a nada; algo nacido desde cero estableciendo relaciones nuevas, nunca antes exploradas por mortal alguno. 

Hay, en algún punto y medida, en la enseñanza del diseño cierta búsqueda anhelante de la chispa creativa que echa luz sobre un universo trillado y remanido. 

Bueno... no. 

En mi modesta opinión, el diseñador no tiene ni Magiclicks ni linternas mágicas; el diseñador se vale de un limitado repertorio de recursos ya nacidos (que, desde ya, cuanto más nutrido es, mejor), los cuales intenta combinar de las maneras más sagaces, pertinentes y atinadas que cree posible, todo en pos de contarle algo, primero al cliente y luego a un tercero. Y, por supuesto, descontando que todo diseñador responsable y serio debe cerciorarse de que el camino elegido —ensalada de analogías, metáforas y demás combinaciones— no esté ya ocupado por otro carro.

Ahora bien... que dos empresas, argentinas, relacionadas con el dinero (virtual o analógico; recaudado o prestado a tasas dudosamente convenientes) tengan la misma marca ¡y del mismo color! es algo difícil de explicar... En el pasado hasta se le podía atribuir este tipo de "coincidencias" al azar; en estos tiempos googleros, ya ni el azar tiene cabida.

10 de junio de 2013

Offside


Un amigo me envió esta imagen, extraída de un tuit que juega a que Videla vive todavía en la marca gráfica de "Fútbol para todos".

La verdad es que Videla bien muerto está y en quienes diseñaron la marca de FPT descarto toda añoranza de aquella nefasta época en la que Sergio Renán dirigió "La fiesta de todos", película documental que repasa el campeonato mundial que ganó la Argentina en 1978, en el peor momento —si es que puede decirse que hubo un peor momento— del llamado Proceso de Reorganización Nacional, pero asombra la tremenda torpeza y/o desmemoria de aquellos funcionarios que tienen cuarenti o cincuentipico de años que deben, seguramente, haber visto y aprobado la marca propuesta sin advertir que no es feliz ni pertinente —para usar las remanidas palabras de un docente de diseño— vincular el fútbol "democratizado" (uno de los caballitos de batalla del gobierno de Cristina Kirchner) a una de las épocas más horribles de la historia argentina, época que, vale decir, hoy en día se combate mediante algunos juicios y condenas que intentan hacer algo de justicia, aunque sea algunas décadas tarde.

Insólito, fulero, jodido parecido.

Offside.

5 de junio de 2013

Enredado


Si algo tienen de bueno Roy Cortina y su gente es que intentan. Otro cantar es que acierten, pero intentar, intentan.

El candidato ya fue objeto de estudio de este blog, ya que cada tanto sale a la calle con alguna campaña que intenta evitar que nos olvidemos de él. Evidentemente cuenta con dinero para diseño, impresión y pegatina pero no tanto para la contratación de espacios en vía pública ya que al pobre Roy le suelen estampar en su cara bandas con la leyenda "Este afiche está fuera de la ley" y cosas por el estilo.

En esta nuevo intento, Roy se mete de lleno en las redes sociales para seducir, acaso, a este nuevo votante de 16 pirulos que debuta en las elecciones que se avecinan (el afiche es, efectivamente, de la Juventud del PS). 

No habrá faltado algún asesor amigo (o amigo asesor) que le diga que no puede quedarse abajo de ese bondi, que los jóvenes, que la realidad virtual, que el mundo 3.0, que la mar y el coche. Y Roy, se sube al bondi.

La campaña tiene tres piezas: conectate, compartí y la que fotografiamos: etiquetate al socialismo.

Uno entiende que el remanido concepto redsocialero de "compartir" pueda ser linkeado a las ideas socialistas; hasta la idea de conectarse con la actividad política activa puede ser viable... pero, con todo respeto, por la memoria de Alfredo Palacios... ¡¿qué cuernos significa etiquetate al socialismo?!

Ya jugado, nuevamente presa de una campaña que se desenfoca en una lucha entre medio y mensaje, Roy mira a cámara, enmarcado en un ridículo cuadrito subrayado con su nombre, —por si quedara alguna duda de que el afiche es de él mismo— rodeado de felices jóvenes 3.0, a la vez anónimos y genéricos ya que nadie los etiquetó aún... ni ellos ni Roy.

¿Me gusta? No, dejá. Paso.

16 de mayo de 2013

Cuento chino


Los avisos publicitarios muchas veces juegan a ser sensibles, moviéndose en un campo ambiguo que disfraza eficientemente sus verdaderas intenciones. Si el que anuncia es un banco la cosa se vuelve cínica y, casi, patética. 

Todos sabemos, en Argentina al menos, que los bancos privados "se hacen los amigos" pero son, en última instancia, enemigos de la mayoría de las personas (los laburantes; la gente que no vive de bicicletear dinero) y que, si queman las papas, no dudarán en llevarse toda la plata a otro lado para seguir multiplicándola. 

También los bancos —o quizá "el" banco, si lo tomamos como una única categoría de organización— suelen cambiar de careta dependiendo de quién tiene la mayoría accionaria, quién corta más el bacalao, a quién le conviene estar acá para después estar allá y tantas otras razones oscuras y desconocidas para el pobre cristiano que tiene una cuenta sueldo o que alimenta regularmente un plazo fijo o bien, que lucha mes a mes con la persistente y machacante cuota de un crédito.

Esta mutación pasó recientemente con el Standard Bank, (que antes, si mi memoria no falla, era el Bank of Boston, que antes era...) el que se transformó de la noche a la mañana, mediante una impresionante movida de logística gráfica, en el ICBC, "el banco más grande del mundo"según dicen por ahí, cosa que bien puede ser cierta porque el banco es chino y los chinos, se sabe, son de hacer cosas a gran escala.

Industrial and Commercial Bank of China, así, en inglés, como debe ser (todavía no llegó el día en que todos deberemos aprender chino).

¿A qué viene este preámbulo?

Más allá de la asquerosa y demagógica medida de "regalarle" $1000 a cada bebé que naciera el día de su desembarco (una baratita apuesta al futuro) se despacharon con un aviso en el que, además de las consabidas y tradicionales imágenes de personas relajadas y sonrientes charlando en amplias y luminosas oficinas en rascacielos con celestes cielos espejados en ellos, hay un momento en que algunos conocidos y prestigiosos personajes que tristemente prestaron su imagen para este fin, le hablan mediante un micrófono puesto en el medio de una especie de estudio de grabación y sentados en un taburete, solitos su alma, a bebés que están en sus cunitas de nursery, cabeceando inquietos y curiosos ante esa voz impersonal, ajena, que les llega, hipnótica, desde parlantes y que les habla de de ser lo que quieran ser, de que afuera hay algo maravilloso, de esforzarse, de merecer lo que el destino les tiene preparado, de cambiar las veces que sea necesario (claro... ¡como los bancos!). Secuencia enmascarada de dulce y comprensiva pero horrible, cínica, sólo imaginada por un George Orwell devenido en creativo publicitario...

Además, toda esta perorata sensiblera para vender... ¡un banco! Que, si tenés suerte, te presta 100 y te cobra 200 y que, si te llegás a atrasar un mes, te saca hasta la última gota de sangre o, más concretamente, la casa donde viviste años (preguntarle a algún español en estos días lo que piensa de los bancos).

ICBC, un verdadero cuento chino.

14 de mayo de 2013

Cibermilagro

Esta es la marca de la Cumbre Mundial de los Milagros, el nombre actual de la iglesia del pastor Héctor Giménez, cuya sede central funciona en lo que alguna vez fue el bello y enorme cine Roca, en Rivadavia casi esquina Salguero.

Cada vez que paso por ahí me quedo pensando un lago rato en qué cuernos quisieron hacer cuando diseñaron esa marca. La pregunta más obvia sería ¿por qué esa tipografía? ¿de qué manera se lleva una letra creada pensando en algo cibernético, tecnológico y digital con algo espiritual aunque también festivo*? 
Mal, así se lleva.

Otra pregunta, con todo respeto, sería por el pretencioso nombre: "cumbre mundial de los milagros"... ¿Perdón? ¿Qué quiere decir eso?

Siempre paso y me quedo con la duda; sería cuestión de entrar y preguntar...


 El pastor Giménez es evangelista y en los encuentros evangelistas suele haber música en vivo y bien pegadiza; el mismo Giménez ha compuesto varios temas y grabado varios discos.

23 de abril de 2013

Telepatía política


El marketing político inaugura una nueva era: la de la telepatía. Durán Barba se vuelve irreversiblemente obsoleto con sus consejos de afeitar cuanto bigote se le acerca (pregúntenle al pobre Melconian...); Ramiro Vasena tiene la posta (además de bigote). 

Se trata de algo inédito en el mundo entero: la transmisión gráfica de pensamientos en vía pública. El sistema es simple: el candidato a vaya a saber uno qué cargo se retrata simpática y convencionalmente ante la cámara pero, he aquí lo novedoso, a diferencia de toda campaña política conocida hasta el día de hoy, no dice nada sino que ¡lo piensa!

De otro costal es la harina de cómo un solo señor se las arreglaría para poder echarle lavandina al Congreso Nacional y desterrar así el problema de la corrupción, el cual reclama, para don Ramiro, extrema asepsia.

De otro costal es la pregunta, cruda, ¿quién cuernos es Ramiro Vasena? ¿De dónde salió? ¿Cuál es su historia política? ¿Qué piensa? ¿Para qué va a postularse? ¿Porqué habríamos de votarlo a él? ¿Su partido —Reconquista; de claro tinte nacionalista por lo que puede verse en su sitio web en construcción— es él solo y su circunstancia o hay alguien más?

Todas preguntas cuyas respuestas sabríamos si Ramiro hubiese pensado en ellas cuando se tomó la foto del afiche. Así de poderosa es la telepatía política.

27 de marzo de 2013

Hay lío


Si las hay, son muy pocas las cosas que no pueden ser comercializadas en el capitalismo. Me refiero tanto a objetos tangibles como a los que no lo son: sensaciones, experiencias, creencias, añoranzas. Nos guste o no, (casi) todo puede ser vendido; (casi) todo puede ser comprado.

De un tiempo a esta parte, algunos deportistas de élite se dieron cuenta de la veta enorme que es la explotación comercial de sus figuras. Desde ya, no a todos les da el cuero: es necesario ser una estrella en el área en la que se desempeñan y tener un plus, un atributo que les sume en su afán de distinción. Así, aparecieron Roger Federer y su consabida mezcla entre perfección técnica y elegancia; Carlos Tévez con su impronta informal y callejera; Michael Jordan y el salto interminable; Novak Djokovic; Cristiano Ronaldo y la adición del número de su camiseta como una inicial más de su nombre... Si bien no abundan deportistas pasibles de esta conversión, la lista podría seguir extendiéndose un buen trecho.

Era cuestión de tiempo que Lionel (¿o Leonel? Arrancamos con problemas de naming...) Messi se suba a este tren. El futbolista anunciado a los cuatro vientos como "el mejor del mundo" es, potencialmente, un producto que puede hacerlo, a él mismo, aún más millonario de lo que es y también a los pícaros que siempre están a la caza del billete. 

Es sabido que las ventas de sus camisetas del Barcelona se calculan en millones de euros al año; que hay partidos amistosos que tienen como única condición que él los juegue; que una palabra suya o una foto hagan subir las ventas de cualquier cosa que pueda pagar su humilde presencia (por ejemplo, Turkish Airlines lo tiene como una de las estrellas de su última campaña); que si él juega se venden más entradas...

Lo llamativo del desembarco del 10 (el 10 de la era post-Maradona; "el Diego" se perdió esta fiebre del marketing de deportistas) es el divorcio flagrante que existe entre el Messi-hombre y el Messi-marca. Ésta última es una suerte de escudo que puede estar en el traje de cualquier superhéroe extraído de los X-Men: una M filosa, agresiva, vertiginosa (buen retrato de su manera de jugar), que aparece tanto en carísimos botines como en stencils tan urbanos como anónimos, en contraposición con un Messi apocado, de escueto vocabulario, sin humos, preocupado por jugar bien mucho más que por aparecer en televisión... en resumen, el Messi-hombre no vendería agua ni en el desierto.

Párrafo aparte merece la E del apellido, construida por tres barras paralelas y azules que representan las de la camiseta de la selección argentina. Signo de pertenencia que tiene un valor especial ya que Messi no jugó en el fútbol argentino y al que se le reclamó hasta hace poco el no cantar el himno nacional (ridícula costumbre de los partidos internacionales) bajo la sospecha de que ni siquiera lo sabe.

¿Es este divorcio un error? El contraste entre ambos Messis es notable y hasta gracioso pero probablemente no lo sea, ya que en el mundo de las fantasías lo que importa no es el Messi-hombre si no lo que todos los que compran sus botines, pelotas o camisetas proyectan en él y creen adquirir cuando poseen o visten algo con su marca.

En realidad, si lo pensamos bien, en esta jugada no hay gambeta que valga: es la misma fábula de siempre la que alimenta al sistema que rige nuestras vidas. Y Messi ya aprendió que si no se puede contra él más vale hacerse un lugarcito en la góndola y patear desde ahí.

14 de marzo de 2013

Pedaleando en el aire


El gobierno de la provincia de San Luis tiene, últimamente, una costumbre llamativa: recrear u organizar grandes eventos "a la manera de". La estrategia no parece mala, si uno se centra en la difusión y en la repercusión turística que pueden tener hechos de convocatoria masiva. La pregunta que queda flotando es qué lugar ocupa en este plan la producción artística y cultural genuinamente puntana...

De este modo, retomando, insólita y casi bizarramente, ha llegado el Carnaval de Río de Janeiro al Sambódromo de Potrero de los Funes; se pretende que los Juegos Panamericanos y Parapanamericanos 2019 se realicen en La Punta; se filman numerosas películas gracias a ciertas facilidades para las productoras; se apuesta a una temporada teatral similar a las otras plazas grandes de la Argentina (Mar del Plata, Villa Carlos Paz y, por supuesto, Buenos Aires) y, desde 2007, se corre una carrera ciclística que atrae a deportistas de distintos lugares del planeta. Y ahí nos quedamos, como quien se detiene a tomar un poco de agua luego de una larga pedaleada.

Es evidente que un evento de magnitud internacional necesita una imagen acorde a sus pretensiones. Esto es así, nos guste o no. De no existir esa imagen, esa representación gráfica, visual, simbólica, ajustada en torno a una estrategia y un discurso premeditado, el evento hará agua antes de empezar a navegar. Esto no quiere decir que no pueda llevarse a cabo (los últimos juegos olímpicos son prueba de ello) pero sin lugar a dudas siempre estará presente ese molesto renqueo. En cambio si la marca, vista como como punta de lanza de todo un equipaje identitario, acompaña a ritmo y sin flaquezas, se está en presencia de un hecho cultural histórico que trasciende las fronteras puntuales que lo vieron nacer (para ejemplo de esto basta con repasar algunos afiches de películas que pasaron de ser piezas de comunicación efímeras a objetos culturalmente autónomos).

Los encargados de diseñar la marca del Tour de San Luis —y conste que en ese equipo puede que no todos hayan sido diseñadores, si es que hubo alguno— nueva, inédita en el ciclismo deportivo argentino, optaron por un atajo que se empantanó y que los dejó encajados en ambas ruedas, representado en un par de preguntas: ¿Queremos que el Tour de San Luis sea el evento ciclístico más prestigioso de la Argentina y de latinoamérica? ¿Pretendemos que, con el tiempo, sea uno de los más importantes del mundo? Bueno, entonces, reflejémoslo en el espejo de la carrera de ciclismo más famosa del mundo: el Tour de France.

Cuando se habla de identidad se pueden dar muchas vueltas y rodeos; se puede ser demasiado técnico o sumamente teórico... pero todo se reduce a que lo que yo diseño no debe, bajo ningún concepto, confundirse con otra cosa que comparta el mismo campo de acción de mi cliente.

Dicho esto, podemos señalar dos defectos: el primer error del Tour de San Luis radica en su bautismo. ¿Porqué Tour de San Luis? ¿No podría haber sido otro el nombre, en castellano, aún cuando uno deba tener en cuenta que el nombre deba ser pronunciado fácilmente por extranjeros? En Italia, se hace el Giro; en Francia (y en otros lados, vale decir), el Tour; en España, la Vuelta... ¿No era un rasgo interesante para explotar el nombre de la carrera? Sí, el nombre solo, sin marca gráfica todavía. Sí, era.

Segundo error: la marca toda, enterita. De pe a pa. Mientras que los franceses —que en 2013 celebrarán las 100 ediciones de la carrera— hacen uso de su conocida e histórica ductilidad para el manejo de pinceles y manos alzadas (el espíritu de Excoffon anda cerca, siempre) para dibujar una movediza y ascendente bicicleta en donde una O es rueda, la U es sillín y la R, el encorvado y esforzado ciclista, todo iluminado por el sol (aquí, si me permiten, una pequeña digresión cinéfila: ver "Las trillizas de Belleville"); los puntanos cometieron el peor de los pecados de quien copia: hacerlo sin ninguna gracia. Trazos realizados con un elemento ambiguo, poco claro; con ausencia de contrastes y con presencia de grosores distintos sin una armonía que los explique. La bicicleta, ya sin ascenso, derecha en la ruta; la O y la U a modo de ruedas, pero con un subrayado extraño: se colocaron en las contraformas dos círculos grises que le quitan identidad a la U acercándola peligrosa y chabacanamente a una O... Todo conducido por un ciclista que es una imposible conjunción entre una S(an) y una L(uis). 

El casco, eso sí, es sumamente aerodinámico.

28 de enero de 2013

Se te ve la tanga


Y llegó el momento en que una O se transformó en un culo, con tanga y todo. Y Bodoni, Didot, Walbaum, Licko, Espinoza y todos aquellos que le dieron forma y recrearon una y otra vez la sutil elegancia de las romanas modernas se estremecen sin saber bien porqué. Perdonen al responsable de esta marca... no sabe lo que hizo.