12 de diciembre de 2011

La Robla de Barcelona


El amigo y colega Pablo Magne me solicita que analice esta pieza que se vio estas últimas semanas en el centro porteño.


Luego de que el gobierno dispusiera algunas medidas relacionadas a la compra y venta de divisas, al restaurante La Robla se le prendió la lamparita y decidió convocar a todo quien quiera escucharlo con una suerte de "¡A comer rabas y chupar cerveza que se acaba el mundo!" a través de un afiche cuya puesta tipográfica y sus modales hacen acordar a la gloriosa revista Barcelona.


En la calle, los afiches se destacan a puro codazo y grito y sorprenden por no tener absolutamente nada que ver con el firuleteo presente en los tradicionales locales de La Robla.


De más están, creo, las disquisiciones acerca de cuál es el público objetivo de la pieza y si luego de su pegatina aumentó las ventas de rabas... Este afiche es lo que es y no pretende mucho más: sale al ring a jugar con algo de humor y a, de paso, tratar de tentar a algún transeúnte que sienta un bagre picándole en el estómago.


Mozo, muy rico todo. ¿Me trae la cuenta?

Los salieris de Rodchenko


Y el pobre Alexander se revuelve en su tumba.

8 de diciembre de 2011

Marca personal, segunda parte


Finalmente, Personal cambió su marca. No era una campaña publicitaria efímera; era un cambio de imagen.


A priori, me atrajo el concepto de que cada uno tenga su propia marca de su empresa de telefonía celular, basada, la marca, en la propia grafía —en la propia escritura— y en aquello de que "cada persona es un mundo", derivando en algo secundario y no menos cierto: cada persona es, en alguna medida y grafólogos aparte, como su escritura.


Ese concepto, novedoso en el escenario de la identidad de este tipo de empresas de gran escala al que estamos acostumbrados, lamentablemente se queda en lo cosmético, en el maquillaje y en los cánones aceptados de armonía y belleza. Por otro lado, pensándolo bien, es absurdo creer que la empresa se propondría subvertir aquellos cánones... pero el saborcito a artificio, a impostura, a letras poco reales, que se siente en los avisos de Personal es sumamente molesto.


Las palabras Personal escritas por, supuestamente, sus variopintos clientes son todas muy parecidas, todas prolijitas, todas atadas a normas de buen gusto y proporción que, hoy por hoy, en el reino del teclado y del SMS, parecieran pecar de irreales, de mascaradas.


Hay un hecho: se escribe menos que antes y, con toda probabilidad, se escribe más feo. Esto último por no ser prioritaria, en la escuela primaria y secundaria, la ejercitación, que podríamos llamar caligráfica, que nuestros padres y abuelos sí hicieron y que redunda en letras quizá más impersonales pero rotundamente más bellas que las nuestras, que las actuales.


La nueva marca de Personal, en esta pose ficticia que construye, en donde todos estamos igual de contentos y escribimos igual de lindo, termina siendo lo que una modelo es a una mujer real: la exageración de lo constituido socialmente como bello y la anulación, por ser incómodos y de esquiva compartimentación, de los rasgos particulares, personales.

7 de diciembre de 2011

La casa del herrero


La Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo (FADU) de la Universidad de Buenos Aires es la mayor usina de diseñadores —¿proyectistas?— de la Argentina. También es la más prestigiosa, pese a los embates que sufre año a año su presupuesto y las condiciones laborales de sus docentes, entre los cuales me cuento, orgulloso.


Este post no profundizará en aquellos aspectos, importantes, sino en otros, más relacionados con la esencia de la facultad, con su función, con sus alcances. Tampoco se mencionarán cuestiones relativas a la infraestructura y a la limpieza ya que exceden el objetivo del presente texto.

Ocurren algunas cosas llamativas en la FADU que parecen perpetuarse en el tiempo y que no tienen lógica alguna. O sí, pero una lógica apoyada en la desidia, la inoperancia y la ineptitud.

En la FADU se forman diseñadores de seis tipos: si se me permite la descripción, hay diseñadores del "espacio habitable" (más conocidos como arquitectos); industriales; gráficos; de indumentaria; de imagen y sonido y, por último, del paisaje. La idea de diseño encarna otra, precedente y vital, que es la de proyecto: la posibilidad de resolver problemas concretos de una manera novedosa que optimice recursos y materiales. Bruno Munari compara la idea de proyecto con la realización de una simple receta de cocina en donde hay un plato terminado ideal al que se llega a través de pasos consecutivos que hay que cumplir disciplinadamente.

No quiero desenfocarme, pero vale decir que en la FADU, día a día, hay cientos, miles de proyectos en marcha, esperando materializarse, de manera módica, en láminas, planos, prototipos, moldes para, luego, ser corregidos. Proyectos que buscan resolver problemas de distinta índole, más o menos fantasiosos, más o menos reales, más o menos útiles para la sociedad.

¿A qué voy? A que llama poderosamente la atención que la misma FADU sea invisible para lo que la FADU produce. La FADU sufre una ausencia flagrante de diseño en todos los campos que ella misma intenta abarcar, que ella misma intenta construir a través de las disciplinas que enseña.

Puntualizo:

  • En la FADU se ha dejado de lado la arquitectura, ya que su edificio se encuentra mal cuidado, con espacios desaprovechados, heladera en invierno y estufa en verano y con innumerables disfuncionalidades que se advierten sin ser un especialista.
  • En la FADU se ha dejado de lado el diseño gráfico, porque sufrimos una de las más caóticas señalizaciones jamás realizadas; porque todos los formularios y carteleras que vinculan administrativamente a la FADU con sus habitantes parecen hechos por un maestro de la confusión; porque cada área tiene su discurso visual y todo resulta en un coro desafinado y sin dirección. Porque, al fin y al cabo, no existe una identidad definida, clara; la marca de la facultad cambia sin ton ni son y, lo que es peor, su discurso y su comunicación están desajustados y son poco fluidos.
  • En la FADU se han dejado de lado las ventajas del diseño industrial, ya que de otro modo no podríamos padecer bancos y mesas líderes en incomodidad, rotos, desparejos, rengos. La ergonomía parece no tener jurisdicción en los talleres de la FADU, aunque se la mencione religiosamente en talleres, apuntes y clases teóricas.
  • En la FADU no existe el diseño de paisaje, a pesar de que la Ciudad Universitaria es potencialmente rica en esas lides, rodeada de verde y árboles que, contrariamente a lo que debería, parecen haber crecido a la buena de Dios.
  • A priori pensé en uniformes, pero me suena a algo bastante torpe y limitado. Digo, no se me ocurre de qué modo el diseño de Indumentaria ayudaría a que la FADU sea mejor, pero sin duda ese modo existe. Sólo hay que buscarlo.
  • Y ni hablar, en estas épocas de fuerte acento audiovisual, del jugo que se le podría sacar a la Imagen y al Sonido...

En resumen, me refiero que es insólito que la FADU misma no sea ella misma un paradigma del buen diseño, albergando, como lo hace, a muchos de los mejores diseñadores del país.

Algún pícaro dirá que es un tema de presupuesto, de recursos. Creo que no, que no pasa por ahí. La cosa es la ausencia de ideas, de gestión, de propuesta y de propósito. No creo que sea difícil que la FADU consiga fondos y tampoco creo que sean millonarios los que se precisan para que la facultad sea un espejo de lo que enseña.

Me pregunto algo básico ¿de qué modo puede incidir la FADU en la sociedad si no puede resolver problemas básicos de diseño que la aquejan intramuros? El ejemplo de la señalética basta como una muestra cabal del desapego, del destrato, de la desidia.

¿Qué nos impide pensar en autosatisfacer las necesidades de diseño puertas adentro? No veo, de verdad, obstáculos. Podrían hacerse concursos internos, establecer comisiones de trabajo intercátedra, o nombrar "a dedo" a los encargados de hacer el trabajo que haga falta hacer... lo que sea, será mejor que lo que es.

Aún estando molesto por sentir que nos ahogamos una y otra vez en diminutos vasos de agua, escribo este post desde el afecto y desde el cariño que le tengo a una casa de estudios en la que estudié, me gradué y en la que, desde hace algunos años, intento enseñar.

9 de noviembre de 2011

Tecnópolis


Fui a Tecnópolis. Haber ido no significa haberla recorrido entera ya que es realmente gigante, pero me hice una idea de su magnitud, de su alcance, de algunos de sus significados.


Arranco con una verdad de perogrullo: Tecnópolis es un hecho político. Es sabido que algunos gobiernos suelen invertir mucho dinero en mostrar de manera grandilocuente, para la posteridad, sus logros, sus puntas de lanza, sus fundamentos, sus estandartes. Así pasó, hace poco, con el efímero pero recordable festejo del bicentenario y así se retoma con Tecnópolis, nacida para ser efímera y porteña y sobrevivida para ser permanente y bonaerense (culebrón con Macri mediante).


Lo primero que uno piensa —que yo pensé— al llegar a la muestra es cómo puede ser la enorme, monstruosa cantidad de tierras que tiene el Ejército Argentino (Tecnópolis se levanta en un regimiento de Villa Martelli al cual, no es difícil darse cuenta, le sobraban todas las hectáreas afectadas por la muestra, y más también...); resabios de una institución otrora poderosa, sin dudas. Lo bueno es que con cosas como esta muestra se les puede dar utilidad a esas manzanas ociosas...


Lo segundo, quizá, sea la magnitud, la escala: Tecnópolis es gi-gan-te. Hay pabellones, stands, obras de arte, dinosaurios movedizos, domos inflables, una constitución colgante. Hay puentes, promotoras y hay puestos de comida. Hay una gran arteria principal. Está todo hecho a lo grande, pero no siempre bien: hay cosas precarias, descuidadas y otras no, más sólidas. Vale decir que fui luego de una tormenta importante, lo cual magnificó las debilidades de la circulación y la limpieza: mucho barro y vallados confusos.


Tecnópolis no es un espacio para la reflexión, es un espacio para mostrar obra, "modelo", para mostrar y enrostrar política. Tecnópolis lo hizo este gobierno, no otro.


No hay —ni debería haber— lugar  para preguntarse por las razones de la existencia y, a estas alturas naturalización, de los recuperadores urbanos (notable eufemismo para nombrar a los cartoneros) encargados de la limpieza del predio ni, mucho menos para saber porqué hay todavía más de un 35% de trabajadores en negro, tal como muestra el dato oficial en una gigantesca infografía dentro de un interesante pabellón dedicado a la industria nacional en el que unos operarios zapatean en el aire sobre un Siam Di Tella y sobre algunas heladeras giratorias (presumiblemente también marca Siam) al ritmo de una música trance-industrialosa. Tampoco hay lugar para preguntarse qué significa hoy, en tiempos de furiosa sojización así como de importación y ensamblaje, industria nacional, ni de qué hablamos cuando hablamos de soberanía.


Desde su marca hacia abajo, el diseño intenta darle a Tecnópolis cierta atmósfera moderna, futurista pero sintética, generando un código cromático e icónico relacionado con los elementos fundamentales (tierra, aire, etc.). Esa tarea la logra más en los "espacios controlados" —ya sean los materiales impresos, merchandising o los espacios de la entrada principal— que en el llano, cuando el viento se empeña en doblar señales precariamente clavadas, el barro lo ensucia todo y algunos tontos rompen el vinilo de algún cartel que nadie se encarga de reparar. Salvo los puentes de la Avenida Gral. Paz cercanos a la muestra (íntegramente vestidos de Tecnópolis), la señalización externa es tan tímida como sobreabundante (hay banderolas que intentar guiar a los autos hacia el predio y pequeños e insistentes carteles cada 20 metros que indican dónde estacionar; el estacionamiento es muy, muy precario) y la interna es compleja: cuesta —me costó— ubicarse y hay que tomarse un buen rato para entender dónde está cada cosa y cuáles son los recorridos propuestos. 


En suma, es como si el tamaño de la muestra fuera incontrolable, como si hubiera habido energías (y presupuesto) para organizar sólo una parte y que para el resto se hubiera apelado al "lo atamos con alambre", tan nuestro. La sensación es, en cierto modo, que la muestra está en constante construcción, lo cual, simbólicamente, no deja de ser un rasgo notable.


Tecnópolis es interesante porque rescata la producción argentina de conocimiento, de ciencia y de tecnología. No quiero sonar acartonado ni solemne, pero el nuestro es un país golpeado, es un país vaciado sistemáticamente en los '90 (y podríamos decir que, en otra medida y por otros medios, antes y después también) que ya no parecía capaz de demasiadas cosas y Tecnópolis echa, hábilmente, mano a ese contraste: lo que podemos ser si nos lo proponemos; tenemos todo para ser una potencia regional y no hace mucho no éramos nada. En ese sentido, se ven stands de maquinaria agrícola nacional, de YPF (a la que poco le queda de fiscal...), de energía eólica y nuclear y tantos otros, cuyo objetivo es reafirmar ese espíritu de pertenencia que no estaba tan de moda pocos años atrás.


Tecnópolis es positiva si se tiene en cuenta que es una muestra que perdurará en el tiempo (aunque eso nunca esté garantizado en estos lares) y que sus contenidos llegan a miles y miles de estudiantes que la visitan mes a mes, descubriendo apellidos como Milstein; enterándose de que Darwin vino dos veces a la Argentina; que hubo autos y aviones diseñados por argentinos en la década del '50 y hasta que la empresa Fate desarrolló una computadora. Todo matizado con constante música funcional (en mi recorrido me tocó escuchar siempre rock nacional; no sé si se abarcan otros géneros) y con espacios dedicados al arte y el diseño.


Me quedé con ganas de volver, con sol y con más tiempo. Aún teniendo que invertir algunas energías en gambetear a la propaganda del gobierno y estando atento a sus omisiones, Tecnópolis es un lugar que vale la pena visitar.

7 de noviembre de 2011

Marca personal


Sin ser necesariamente novedoso el recurso utilizado, no deja de ser interesante la última campaña de la empresa Personal. El eslogan es cada persona es un mundo y, grandes, se ven distintas grafías de la palabra Personal.


Es evidente que esta campaña se apoya en dos cuestiones fundamentales: la escritura, como rasgo individual e intransferible de las personas (las alfabetizadas, claro) y algo relativamente arriesgado —en los términos de la identidad corporativa tradicional— que podríamos llamar "marca del usuario" que es, simplemente, la supresión y reemplazo de la marca oficial de la empresa por estas configuraciones caseras, hechas a mano, que "representan" a cada uno de los eventuales usuarios de la empresa.


La campaña, además, echa mano con inteligencia al recurso de la explotación de la escritura por sobre la tipografía, la que, en muchos casos, imita lo manuscrito con cierto acartonamiento o falta de fluidez. Además, en los afiches de vía pública no parece haber habido un especial acento en reglas básicas como legibilidad y espaciado sino más bien en los rasgos singulares provistos por una mano veloz y por una punta más o menos redonda.


Desde ya, sabemos que la publicidad suele engañarnos una y otra vez... pero en este caso da en una tecla pocas veces pulsada y eso solo hace que asome la cabeza por sobre la superficie.

3 de noviembre de 2011

Ajuste


—Maidana, venga un minuto por favor.
—Sí señor, digame.
—Ya puso los números, veo.
—Sí, ayercito nomás. ¡No me diga que no es 883! No me asuste... ¡ja, ja!
—Los números están bien; lo que no está bien es el espaciado.
—¿Perdón?
—El espaciado, Maidana.
—Pero... si habíamos quedado en que iban en esa chapa, justito arriba de la puerta...
—Aha... ¿y eso qué tiene que ver?
—Nada, que yo los puse en la mitad de la chapa, ¿no está bien eso?
—¿A ojo, los puso?
—¡No señor, faltaba más! Agarré una regla y medí.
¡Ah, ahí lo agarré, Maidana!
—¿Cómo dice?
—Los espacios entre las letras no se miden con regla, Maidana. Se trata de establecer un sutil equilibrio entre formas y contraformas, entre figura y fondo, entre el trazo y el espacio que lo rodea. Una suerte de pulso rítmico que sólo se logra mediante un ojo entrenado que usted, evidentemente, no tiene.
—Disculpeme, señor.
—No se haga problema, Maidana. Todos los días se aprende algo. Le pido, sí, que corrija este desagradable suceso cuanto antes.
—Mmm...
—¿Mmm? ¡Usted siempre con sus "mmm"! ¿Qué pasa?
—Que los números ya están soldados. Ayer a la mañana le mandé un mensajito a su socio y no me respondió en todo el día; entonces probé con usted, y me dió que su celular estaba apagado o fuera del á...
—¡¿Y porqué no me dejó un mensaje?!
—No acostumbro a dejar mensajes, señor. Me parecía que uno de los dos me tenía que responder...
—Mire Maidana, por favor...
—De hecho, había quedado con su socio en hablar de las dos semanas que están atrasadas. Digo, la obra ya está terminada, casi...
—Bueno, bueno, no se preocupe que eso lo vamos a resolver mañana o pasado.
—Bien señor. ¿Qué hago con los números?
—Déjelos así, Maidana. Y trate de leer algo sobre espaciado de letras, hágame caso.
—Bien señor. Mañana hablamos, entonces.
—Sí, llameme mañana.

1 de noviembre de 2011

Compostura


Cuando Rudolf Arnheim habla en su libro Arte y percepción visual de fuerzas perceptuales se preocupa por distinguir que no son para nada abstractas sino puramente sensibles: se sienten, físicamente, como las fuerzas mecánicas.


Así, la tensión, el equilibrio, el movimiento, el peso, entre otras fuerzas, tienen un correlato sensorial que muchas veces no puede explicarse con palabras pero que, no obstante, existe. También podría decirse que cuando una composición (entendiendo al acto de componer como el ejercicio de un control consciente de las fuerzas perceptuales; actividad primaria y primordial de todo diseñador gráfico) no está bien resuelta se siente algo en el estómago, un leve disgusto, un atisbo de incomodidad, cierto irritante cosquilleo.


Luego de este breve introito teórico, vamos a la calle: en el caso del afiche cuya imagen observamos se da lo que Arnheim llama ambigüedad, que es aquello que ocurre cuando alguno o algunos de los elementos integrantes de la composición no parecen ocupar el lugar que les corresponde sino que parecen estar "a mitad de camino" o bien, en franca incomodidad o pleito con sus vecinos.


De este modo, la cabeza de Kirchner establece una tensión no resuelta con el plano verde y con el "04", haciendo que ambos elementos compitan, se repelan y, por ende, no convivan de manera armónica en el plano.


Sólo de manera constructiva —y sin ánimos destituyentes— propongo rápidas maneras de resolver este problema compositivo, sin modificar los elementos gráficos de la pieza, sólo reubicándolos convenientemente.


La primera opción es la siguiente:




Separar a Kirchner del bloque de texto, generando el aire suficiente para que la tensión se disipe y se restablezca la armonía. Sin embargo, hay un problema colateral: la mano se corta de manera inconveniente, quedando trunco el gesto del saludo. 


De este modo, llega la segunda alternativa:




Una trampita muy utilizada en nuestro medio: espejar la foto, siempre y cuando no haya elementos que nos manden en cana. En este caso no los hay... pero la mano entra en zona de riesgo con el NESTOR, por lo que resolvemos el problema de la cabeza pero nos compramos otro con la mano.


Ahora sí, quizá, la mejor opción:




El enroque: que la entrada de la pieza sea por lo textual y que luego se siga por lo icónico, saliendo por la mano de Kirchner (que en este boceto, hecho en 25 segundos, se corta groseramente) y que coincide casi mitológicamente con el sol patrio.


Así, quedan zanjadas todas las tensiones no resueltas y el afiche reposa en cimientos más sólidos. Y todos contentos.

13 de octubre de 2011

El plano de las ideas


La campaña de Francisco de Narváez es llamativa. No por algo bueno, por cierto. Está a cargo de Ramiro Agulla, el vendedor de humo más famoso de los '90, y se basa, modesta, austera, en el diálogo de dos planos de color: el naranja, a la izquierda, y el rojo, a la derecha.
No hace falta ser experto en teoría del color para darse cuenta que el naranja y el rojo son primos hermanos, colores vecinos en el círculo cromático. Es decir, que están muy cerca. No hay, casi, diferencias entre ellos. Sólo los distingue una leve diferencia de matiz.
El naranja es Scioli.
El rojo es el "Colorado" de Narváez (dicen que los chetos dicen colorado en vez de rojo).
Entre el interminable vacío de contenidos de la campaña de Scioli ("Creo en vos" y pavadas por el estilo) y esta falsa antinomia instalada por Agulla y su síntesis cromática, queda en la boca gusto a poco y nada.
Así y todo hay que celebrar algo: cada tanto, a los asesores de imagen y a los creativos publicitarios el inconsciente se les descontrola y se imprime.
Los bonaerenses no deberían engañarse; la campaña es sincera: el rojo y el naranja son casi lo mismo. Casi.

6 de octubre de 2011

Cinco esquinas


—Escuche, Maidana, ¿qué pasó?
—¿Cómo qué pasó, señor?
—Y sí... ¿Qué le pasó con las letras?
—No lo entiendo.
—A ver, el trabajo está bien, es lo que hablamos; el texto, bueno... habla de la raza y uno no entiende bien a qué cornos se refiere con raza...
—Pero eso lo mand...
—Sí, sí, ya sé. Lo mandaron de la municipalidad. Ya sé que usted no lo escribió, Maidana. El problema es el espaciado de las letras. ¿Usted no lo ve?
—Pero si usted me dijo que quería un bloque... Yo hice un bloque.
—Sí, Maidana, todo lo que usted quiera. Pero entrecierre los ojos, desenfóquelos, ¿no ve espacios en blanco, como salpicados en el párrafo?
—Mmm... ¿Usted dice entre DEL y HEROISMO?
—¡Claro! Dejemos de lado que no le talló la tilde a la I de HEROISMO... el tema es esos espacios, groseramente distintos entre cada una de las líneas.
—Yo le dije que convenía centrar el texto... ¿HEROÍSMO lleva tilde? ¿No es que las mayúsculas no llevan tilde?
—Maidana, la decisión del bloque de texto me la bajaron de la Subsecretaría, usted lo sabe bien. Además, la escultora es bastante brava y parece que no quiere que le toquen nada a la obra. ¿De dónde sacó que las mayúsculas no llevan tilde?
—¿No dicen eso?
—¡¿Quién dice eso?! Algún ignorante... ¿Así que usted cree que hay reglas ortográficas para las minúsculas y otras para las mayúsculas? Me hace acordar al chiste ese...
—¿Qué chiste?
—Ese... en el que uno le pregunta a otro si ayer se escribe con hache, y el otro le dice que no. Entonces el tipo le pregunta ¿y hoy?, a lo que le otro le dice que sí, que hoy se escribe con hache. Entonces el primero se sorprende y y le dice que cómo puede haber tanta diferencia de un día para el otro... ¡Ja, ja!
—Mmm je... Pero no entiendo qué tiene que ver ese ch...
—Olvídese, Maidana. Voy a ver si le consigo otra placa de mármol para la semana que viene así empezamos de nuevo.
—Lo que usted diga, pero no creo que lleguemos a la inauguración.
—Usted es un pillo bárbaro, Maidana. Cómo aprendió ¿eh?
—No lo entiendo, señor.
—No me entiende...
—Quizá si usted hubiera venido a ver los dibujos de las letras antes de que las empiece a tallar esto no habría pasado...
—¿Qué insinúa, Maidana? ¿Que no hago bien mi trabajo?
—No, señor, ¡faltaba más!
—En fin... déjeme ver qué puedo hacer con esto, yo le voy a decir a Infraestructura que me apuren ese mármol y usted prepárese para una semanita movida.
—Bien señor, como usted diga.
—Fijesé que la O y la M están muy angostas, Maidana. ¿Usted no vio la columna de Trajano? ¿Para qué le traje esos libros?
—Me gustó más así, señor.
—¡Le gustó! ¡Miren al señor, cómo le resbalan siglos de historia! ¡Miles de años de armonía y belleza tirados al tacho porque a él le gustó otra cosa!
—No se ponga así, señor.
—¡Es inaudito!
—Pero si igual se lee, ¿o no?
—Se lee... ¡pero son letras feas!
—A mí me gustan. Y si usted hubiera venido...
—¡De nuevo la misma cantinela! Mire, Maidana, vamos a hacer así: usted hace su trabajo y yo hago el mío, que para eso me pagan.
—Sí, señor.
—¡Claro que sí! Y póngale la tilde a la O de ENCARNACIÓN, hágame el favor.
—¡Uh! Sí, señor, tomo nota de eso.
—Sí, más le vale. ¿Quién escribió este texto? ¿Qué raza? Estos gallegos...


La foto es de www.barriada.com.ar

21 de septiembre de 2011

Prip!

Sí, sencillito. Porque la equis son dos vectores, dos extremos que se encuentran. ¿Se comunican?

¿Cómo no verlo?

Así de sencillo es el recurso de esta marca nueva que nos hemos desayunado hace poco, bien planteada aunque aún por "llenarse", por construirse. Bien plantada ante los dueños de la pelota: la gelatinosa Movistar, la esférica Claro y la abananada Personal.

Ahora vendrán las estrategias de venta, la conquista de porciones de mercado, las proyecciones, la publicidad, el marketing, los balances y lo que sea que tenga que venirse... pero la marca ya está y pareciera gozar —al menos desde lo formal— de buena salud.

6 de septiembre de 2011

Diseño impostor


No me considero un tipo especialmente alerta pero sí me sé parte de la generación que convive con el spam (correo no deseado o basura) y que sabe de la existencia de fraudes basados en envíos de mails falsos y malintencionados.

Es frecuente que me gane seis millones de euros en una lotería que jamás jugué; que sea invitado a participar de redes sociales ignotas o a viajar en cruceros paradisíacos o que tenga, a un click de distancia, acceso a variados placeres carnales.

La trampa es siempre la misma: disfrazado en un texto mejor o peor escrito, se encuentra el convite "Haga clic aquí para...". Ese botón nos llevará a un sitio que no es el que esperábamos y que, si todo transcurre como el delincuente informático previó, descargará y ejecutará un virus en nuestra computadora que nos hará más o menos daño.

Sigo sin darme cuenta cuál es la ganancia de molestar a la gente con estas cosas; sólo se me ocurre vincular este tipo de campañas maliciosas con el negocio de los antivirus pero a veces estoy tentado de pensar que hay algunas personas que disfrutan con el mero de hecho de joderle la vida a los demás.

Hoy encontré en mi casilla un correo de mi banco que realmente me sobresaltó. En él me cuentan que mi cuenta tuvo accesos desde distintas IPs y que han procedido a bloquearla por pura precaución. Para destrabarla y establecer una "conexión segura" me solicitan que —se viene, se viene...— haga clic en un vínculo al final del correo. Me facilitan un número de reporte y hasta el número de IP que les llamó la atención.

Un tanto sorprendido y preocupado, me puse a pensar desde dónde había accedido a la cuenta y me aseguré de que sólo lo hubiera hecho desde mi computadora personal (por ende, desde una misma IP). Ya sospechando, ubiqué el puntero de mi mouse por encima del link al final del mail y comprobé la estafa: está dirigido a www.thegoo.info/jsp/(...), es decir, nada que ver con el banco en cuestión.

¿Qué reflexión me dispara este pequeñísimo hecho virtual? Que los autores del correo —aún sin saberlo— se dieron cuenta del factor legitimizador del diseño gráfico. Y con diseño me refiero a la particular combinación de colores, formas, tipografías, texturas y demases que, utilizada para joderle la vida al prójimo, puede brindarle a un enunciado falso o engañoso un marco verosímil que le allane el camino a una estafa, robo de identidad o lo que sea.

En este caso puntual, el correo apela a un universo gráfico actualizado y bastante preciso: la marca nueva, la alusión a la relativamente novedosa tarjeta de coordenadas y una imagen que, aunque pequeña y un tanto impersonal, bien podría ser parte de un mail oficial del banco. Abajo, el sello de Verisign, una empresa encargada de hacer más seguras las conexiones a internet y, abajo, algo que da la primera pista de que algo raro hay en todo esto: ¡copyright 2011 del banco! ¿Para y por qué habría de registrarse un mail de estas características?

En resumen, no es difícil pensar que este tipo de correos tiene muchas más chances de tener éxito que aquellos que, no hace mucho tiempo atrás, llegaban desnudos, escritos en texto plano y que uno borraba con una sonrisa causada por algunas de las absurdas ocurrencias de los encargados de redactar los correos.

Valga este post para hacer un llamado de atención y que todos estemos un poco más atentos a la llegada de correo basura cada vez más sofisticado y camuflado con el otro.

1 de septiembre de 2011

Binner aplasta



La ciudad apareció empapelada (frase nunca antes escrita) con afiches que afirman que Binner crece. De cara a las elecciones de octubre pareciera ser que Don Hermes es el candidato con más potencial. Así lo dicen varios analistas políticos, al menos. 

Tendencias aparte, el afiche de Binner podría ser mejor con algunos ajustes. La cosa quizá sea más grave si se rastrean las razones que llevaron al colega encargado de diseñarlo a tomar algunas decisiones reñidas con ciertos criterios compositivos y perceptuales que nosotros, los diseñadores gráficos, deberíamos conocer, manejar y controlar con relativa soltura. 

Primer ajuste
¿Qué es lo importante de esta pieza? Comunicar, afirmar que Binner crece.
Se pretende armar un bloque en el que esa frase (BINNER CRECE) sea el foco de atención del afiche, ubicándose en el centro del plano. Bien. Pero, a los efectos de lo que se pretende decir, ¿no es más importante la palabra CRECE que BINNER? ¿Toleran las delgadas letras que configuran la palabra CRECE al mastodonte bold BINNER? ¿No pareciera padecer cierta inestabilidad ese bloque, por estar construido sobre pilares un tanto debiluchos?

La solución es muy simple: BINNER en normal, CRECE en negrita y a otra cosa, mariposa. 

Segundo ajuste
Hay dos consignas que se suman a la pieza: participá (la a lleva tilde, salvo que Binner hable en castellano neutro, como en las telenovelas) de la campaña y sumate a la red de voluntarios.
Por algún motivo desconocido algunos diseñadores (o, en su defecto, clientes) creen que acentuar cada parte de la frase con colores y variables tipográficas distintas hace que se genere mágicamente una comprensión más acabada del mensaje. Bueno, esto no es así. De hecho, ese recurso casi siempre genera confusión y oscuridad, atributos siempre indeseables en una pieza gráfica. El ojo suele agrupar elementos de similares características que se encuentran cercanos entre sí, y no es raro que uno lea participa red de voluntarios así como sumate a la de la campaña.

La solución es muy simple: una consigna en blanco y la otra en naranja. Y nos olvidamos de exagerar con negritas y tamaños distintos. ¿O la idea no es subrayar el bloque que arma BINNER CRECE?

Tercer ajuste
La pieza explota el eje central, vertical del plano. Ese eje favorece una lectura de arriba a abajo que, naturalmente, desembocaría en la franja naranja y los datos de contacto de Binner y su gente. Esos datos se descentran del eje vertical central, logrando una tensión desmedida, agravada por la ausencia de márgenes que los despeguen de los bordes del afiche por lo que para su lectura se invierte una energía mayor a la que se debería.

La solución es muy simple: los mismos datos, en tres líneas y en la franja naranja, pero centrados. Ah, y un poquito más chicos, así le damos un poco de aire y no los pegamos tanto a los bordes de la franja naranja.

Hermes, dígame a dónde le mando la factura.

22 de agosto de 2011

¿Me encanta todo eso?


Eme de McDonald's.
Eme de marca.
Eme de mugre.

Mc Donald's es una de las empresas más emblemáticas de la economía norteamericana. Una multinacional que es bandera de la libre empresa y del capitalismo. Una organización que suele ser blanco de ataques cada vez que parte de la sociedad se da cuenta que hay algunas cosas que no andan nada bien y que habría que intentar cambiarlas. Una corporación que basa su negocio en pequeñas cosas: comida rápida a buenos precios y buen servicio.

Bueno... en Buenos Aires pareciera que la marca se está oxidando; no está funcionando como antes. Los precios distan de ser buenos; los empleados son excesivamente jóvenes y no parecieran estar comprometidos completamente con las tareas que deberían realizar; los locales están cada vez más mugrientos, con un desaseo que es llamativo —es increíble como tantas personas se aguantan comer en mesas sucias y grasientas— sobre todo en una empresa que se vanagloria de la limpieza y pulcritud de sus instalaciones; y la sonrisa ya no es tan frecuente en quienes atienden los mostradores o quienes limpian el salón, acaso por los magros salarios que cobran...

En mi carácter de cliente, una vez intenté hablar con el "Encargado de mi satisfacción" y resulta que no estaba disponible. Otra vez me indigné porque el estacionamiento estaba lleno ¡y el local vacío! y la única explicación que recibí es "no podemos controlar que los que estacionan entren a comer".

Da la sensación de que hay algunos pilares de la empresa de los arcos dorados que no están tan sólidos como antes, como si le llegaran los estertores de la crisis que aqueja a su país de origen y al sistema al cual le debe su magnitud.

En definitiva y apoyándome en estas cuestiones bien concretas, comer en McDonald's ya no es una experiencia muy agradable que digamos. Por lo tanto, la marca McDonald's ya no es lo buena que supo ser, aún cuando la M siga siendo tan dorada y gigante y globalizada como sabemos que es.

18 de agosto de 2011

En casa de herrero...


Hace no mucho tiempo las autoridades de la Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo de la UBA se renovaron. Dicha casa estuvo numerosos meses sin decano, aunque nada pasó y todo siguió funcionando como cuando tenía decano, lo cual no deja de ser intrigante.

Yendo al grano: una de las medidas visibles de las nuevas autoridades fue encarar un cierto rediseño de las piezas institucionales en las cuales se comunican resoluciones, informes y demás cuestiones. Otra novedad es la radical renovación del diseño de los correos que envía la Secretaría de Posgrado con su oferta de cursos de actualización, en cuya cabecera también se observa con sorpresa una nueva marca de la FADU, que riega aquello de que las nuevas gestiones cambian todo, hasta lo que no haría falta cambiar.

El buen diseño radica en los detalles. Muchas veces esos detalles son bien pequeños, sutiles. El buen diseño es una construcción en la que el diseñador define límites y establece reglas de juego que idealmente deberían ser cumplidas, al menos, ¡por él mismo!

En esta nueva cabecera, de cuyos valores estéticos no voy a abrir juicio, propone un código cromático para cada una de las carreras que se cursa en la facultad. A los diseñadores gráficos nos tocó el naranja. No es difícil pensar que, por su simpleza —un acierto—, ese código será aplicado en la lectura del mail.

¿Cuál es el problema de esta, en principio, buena idea? Que en el contenido del correo cada curso tiene una misma cabecera, con un mismo color (azul) lo que inmediatamente hace pensar que son todos cursos destinados a arquitectos. Pero no, salvo que a los arquitectos les interese el diseño de vestuario escénico.

Esta tontería, esta pavada, este autoboicot es el que hace crecer la confusión en donde no debería existir, ya que se proyectó un modo simple de combatirla (el código de colores). Daltonismo aparte, qué fácil sería que, por la mera visualización del color uno pudiera identificar qué cursos son de su profesión y cuáles no.

Tonterías y pavadas como esta son gran parte de la base del buen diseño.

2 de agosto de 2011

Mal aliento

Vaya a saber uno en qué momento los edificios empezaron a tener —¿a necesitar?— marcas.

Ya en el baile, proliferan grandes cantidades de pomposos nombres, muchas veces en inglés —Terrazas de Goyena, Altos de Belgrano, Palermo Studios&Suites, Relax&Living, Luxury Towers y la mar en coche— que evocan una vida que poco tiene que ver con la urbana y menos todavía con la calidad de los elementos utilizados en la construcción que, muchas veces, nos hacen dar de frente contra bachas que se caen repentinamente al piso o muebles de cocina fuera de escuadra o aires acondicionados que no funcionan o canillas que gotean. Todo, apenas uno firmó la escritura.

En fin, ¡pobres los colegas que tienen que diseñar estas marcas! La mente se les termina quemando tanto, que ya ni ven que en realidad están atascados en el pomo de un dentífrico...

20 de julio de 2011

Marca zombi


Mucho se habla de los atributos de las marcas. Ellas pueden ser jóvenes, solemnes, sofisticadas, frescas, desafiantes y cuanto adjetivo exista. Siempre se trata de marcas vivas, claro. Activas, económica y simbólicamente hablando.

El otro día, transitando por la avenida San Martín, levanté la vista y me encontré con una marca muerta. Y allí me di cuenta de que las marcas viven después de muertas. Hay marcas zombis. Marcas que se dejan ver en el caos visual que nos rodea, por todas partes. Marcas que no han sido debidamente enterradas. Marcas que —no-muertas como están— mantienen su potencial evocador de lo que fue y ya no es. Y hasta quizá hacen reflexionar sobre qué pasó en el medio.

El Supercoop* era la cadena de supermercados de "El Hogar Obrero", una gigantesca cooperativa que pereció gracias al Plan Bónex de Menem, cuestión que no viene al caso puntualizar en este post.

Bajé la vista y me llevé la agridulce sensación de haber recordado a esa marca cuando vivía y cuando el local sobre cuya fachada hoy luce despintada y oxidada era un supermercado lleno de mercadería, changuitos y gente que podía comprar cosas a precios más accesibles que en otros lados gracias a las mieles del cooperativismo.

En 2005 "El Hogar Obrero" revivió. No queda casi nada de su esplendor y poco de espíritu cooperativo parece haber en la sociedad. Pero su marca sí tiene restos de un patrimonio simbólico e histórico valioso que tanto costó construir y que tan fácil fue olvidar.

* Llegó a tener más de 300 sucursales en todo el país

18 de julio de 2011

Color político



Los colores pueden tener algunos atributos, algunos significados más o menos convencionales que nos pueden hacer aseverar cosas como que el rojo es tanto pasión como peligro; el negro luto y tristeza así como el naranja modernidad y el azul, franqueza…

Estas concordancias son, muchas veces, difusas y arbitrarias. En algunos casos, los diseñadores asumimos la obligación de fundamentar algunas de nuestras decisiones cromáticas con elucubraciones pseudo psicológicas en las que ponemos sobre el tapete explicaciones más o menos arrevesadas de porqué elegimos tal o cual color.

Dependerá de nuestro histrionismo si el cliente queda convencido o no de nuestra exposición.

Pero hay una verdad que no siempre se dice y que es muy sencilla y en la que se agotan muchas de las dudas que puedan aparecer a la hora de elegir tal o cual color: puedo usar los colores que la competencia de mi cliente no usó. O, al menos, es aconsejable usar aquellos colores que la competencia no usó. O dicho de otro modo: si uno de los atributos identitarios de cualquier marca es el color, ¿no sería conveniente no elegir uno que ya está en uso? ¿No es mejor distinguirse seleccionando otro? Sí, es mejor.

Este año habrá, por primera vez en la Argentina, elecciones primarias abiertas obligatorias y simultáneas (P.A.S.O.) en las que se decidirá qué listas pueden presentarse a las elecciones de octubre: es necesario obtener como mínimo el 1,5% de los votos para poder participar de la contienda.

Y también, por primera vez, habrá boletas coloridas, con fotos de los candidatos.

Atrás quedaron los partidos políticos tradicionales, que cualquier persona mínimamente informada podía enumerar sin demasiado esfuerzo: Partido Justicialista, Partido Comunista, Unión Cívica Radical, Unión de Centro Democrático, Partido Humanista, etc… Hoy, la política está atravesada por alianzas efímeras y con un fuerte personalismo que desemboca en campañas en donde todo pareciera resumirse en un “Votá a Mauricio” o “Porque estoy con Cristina, estoy con Filmus”. La identidad gráfica de aquellos partidos, históricos y con años de construcción, se ha resentido hasta desfallecer. Ahora, todo debe refundarse, basado en arenas muy movedizas y con confusos nombres de partidos (en realidad, alianzas circunstanciales) que casi nadie recuerda y menos aún puede vincular mentalmente con un candidato.

En este escenario entra en juego el color. Una vez más y como siempre, atributo poderoso de identidad y diferenciación. Y en política hay colores que tienen dueños difíciles de remover: el rojo siempre estará ligado a la izquierda y esta vez lo acaparó el Frente de Izquierda y de los Trabajadores; otro de sus dueños, en sutil mezcla con el negro y la Futura, era la UCR… pero a la boleta de la UCR ya ni el nombre ni el escudo le quedan, así que deberá contentarse con alguito del color que tantas veces utilizó en sus piezas gráficas. El azul (y el blanco), tantas veces peronista-justicialista, será para el Frente para la Victoria que lo viene usando desde hace rato.La Coalición Cívica explota en su boleta —quizá la mejor compuesta o ajustada o diseñada de todas— su instalada pero poco pregnante combinación entre un azul empetrolado y un verde amanzanado.

El resto de las alianzas y frentes se disputa colores que no tienen historia y que son hasta ridículamente “extrapolíticos”. El caso de Duhalde y Das Neves es realmente enigmático y deja bien en claro que no saben qué son ni adónde apuntan: un insólito lila combinado con un verde fluorescente da como resultado más un volante de una rave que una boleta electoral; me animo a decir que solo por su combinación de colores, es una fórmula que no tiene ninguna chance de prosperar. El Frente Amplio Progresista (¡?) de Binner y Morandini se ubica (involuntariamente, sin dudas) en el terreno de la iconografía estadounidense: la estrella roja en combinación con planos azules se aleja inevitablemente del socialismo para acercarse a la boleta de Barack Obama. La Alianza Compromiso Federal (¡?) de Rodrígez Saá se quedó con un celeste escarapelado, casi 100% cyan, en un diseño despojado, casi anémico, y sin espacio para la foto del vicepresidente (quizá sea porque no lo conoce nadie... aunque si no ponen su foto en la boleta, ¿cómo lo vamos a conocer?). Vale decir que Alfonsín (Unión para el Desarrollo Social) y Cristina (Frente para la Victoria) tampoco muestran a sus compañeros de fórmula.

Carne para otro post debería ser el estado comatoso de la iconografía tradicional de los partidos, en la que sobreviven los eternos Perón y Evita en la boleta del FPV. El resto se maneja en un notorio vacío simbólico, posible reflejo del vacío de contenidos de muchas de sus propuestas o de lo efímero de sus existencias, netamente coyunturales y electoralistas.

Para construir símbolos de pertenencia política hace falta mucho tiempo y consecuencia. Quizá este sea uno de los puntos que diferencie —aún en estos tiempos de tanto asesor de imagen y marketing político— a una marca comercial de la marca de un partido.

En todo caso, en ambos mundos, el color es fundamental.

28 de junio de 2011

Descenso


Hace algunos años algunos clubes empezaron a tener gerentes de marketing.

La híperprofesionalización del fútbol, el deporte más popular del planeta, lo convirtió en un meganegocio de proporciones varias veces millonarias que merece más atención que la meramente pasional y folclórica. Hay empresarios que pusieron el ojo en esta usina de dinero que es un club de fútbol cuando tiene la convocatoria suficiente.

River Plate es, desde hace unos años, una marca. Ya no es sólo un club, una asociación civil sin fines de lucro gobernada por sus socios. O sí, es eso y también es una marca. Una marca con su fluctuante valor económico y con sus propias necesidades de gestión y atención.

River Plate descendió al Nacional B. Con el club, descendió su marca.

Me pregunto cuánto impactará este descenso en su imagen. Cuánto se devaluarán sus activos y cómo impactará esto en sus finanzas, ya de por sí en un rojo crítico. Qué estrategias se perfilarán para atenuar el impacto de la caída.

Conste que clubes como River hace rato que no viven de la venta de entradas y la diversificación de sus ingresos lo ha llevado a seguir el camino de su "primo" y polo opuesto, Boca Juniors: la creación y comercialización de productos oficiales, un museo en el cual rendir homenaje a su historia, giras por distintos lugares del mundo, etc...

Hoy River, cargadas aparte, ha descendido. Y el descenso no es solo deportivo, es también económico y marcario. Todavía no hemos llegado al extremo europeo en el cual algunos clubes cotizan en Bolsa, pero quizá alguna vez se puedan medir con exactitud los alcances e incidencias de este tipo de derrotas en el patrimonio marcario de un club.

Antes descender afectaba sólo a las emociones y marcaba a fuego la historia de un equipo. Hoy, es eso y bastante más: afecta a la marca. Y la marca no es el escudo, que quede claro.

15 de junio de 2011

Palimpsesto urbano


Algunas paredes son enormes palimpsestos. Semana a semana se suman apellidos, fechas, cargos, todo escrito con maravillosas letras que nacen veloces y gigantes sobre finas capas de cal diluida.

La sofisticación de las campañas, la explotación de los nuevos medios dospuntocero y la diversificación de piezas y herramientas no han logrado reemplazar a la eterna pinceleta ni a la agilidad de los señores que, generalmente de noche, se encargan de anunciarnos a todos quién será el nuevo elegido.

Vamos que venimos


De la reciente campaña de Mauricio Macri para Jefe de Gobierno uno puede sacar algunas rápidas conclusiones:
  • El PRO no existe más.
  • Si existiera, ¿porqué no figura su marca en los afiches? Con lo que cuesta construir una marca —y más en la política— no se explica su ausencia.
  • El amarillo PRO sí existe.
  • Ya un asesor le dijo que se quite el bigote... Ahora otro asesor le ha dicho que lo favorece ponerse tres cuartos perfil izquierdo. (¿Alguien mide realmente de qué modo impactan esas decisiones en los votantes? ¿Porqué votar a alguien que se afeita el bigote sólo porque un asesor de imagen se lo dice y, por otro lado, si gana y gobierna cuatro años más, no terminará haciendo lo que le pidan otros señores, más poderosos que un asesor de imagen?)
  • La idea de sacarle fotos con un teleobjetivo, como a lo lejos, descubriéndolo en charlas amenas con conciudadanos, es novedosa dentro del rubro "campaña política de personas, no de partidos".
  • Lo criticable es que Macri ¡siempre pone la misma cara! Los afiches parecen series de fotos tomadas en distintos escenarios pero con un muñeco vivo de Mauricio que se empeña es mantener siempre la misma mueca.
  • Sí, votamos personas, no partidos. Y esa es una de las grandes trampas de la política argentina.
  • La flecha, esa suerte de play negro que iba hacia adelante, con supuestas nuevas ideas, nuevas 'pro'puestas, se descompone en un entramado colorido en donde ya no hay flecha, ni adelante, ni atrás, ni propuestas... Ah, y la paleta de colores es gay friendly (es un chiste, malo, pero chiste al fin)
  • Ya se ha criticado en algunos medios que el eslógan Vos sos bienvenido de algunas de las piezas de vía pública es restrictivo y discriminador. Sin rasgarse demasiadas vestiduras, uno puede asegurar que basar una campaña en estereotipos ("el" obrero, "la" médica, "el" oficinista, "el" punk, "el" hincha de River... etc.) además de no ser original, es un error: siempre habrá quien se sienta excluido y, además, no es creíble ya que, a esta altura, ya casi todos sabemos que los personajes de los afiches son... ¡modelos contratados!
  • Juntos venimos bien... ¿De dónde venimos? Y sobre todo, ¿a dónde vamos?

9 de junio de 2011

¡Dígale chau al peluche!





Pueden ser más o menos simpáticas, pero no deja de ser intrigante la necesidad de crear mascotas para eventos deportivos.

De un tiempo a esta parte —la primera fue Waldi, un perro salchicha creado para los JJOO de Munich, en 1972— las mascotas han sido animales representativos del lugar en el que se desarrolla la competencia así como también personajes fantásticos salidos de la mente de alguien pero conjugando en su caracter el humor que se pretende darle a la competencia.

¿Será que a los niños les agrada más la presencia de la mascota?
Quizá haya algo de eso: recuerdo que el muñeco de Misha, el oso de Moscú '80, me despertaba mucha ternura...

¿Se venderá más merchandising a causa de su presencia?
Sin dudas y en estos tiempos no estamos hablando de simples muñecos de peluche o remeras...

Los Juegos Olímpicos son un evento multimillonario que inexorablemente va dejando cada vez más atrás el espíritu amateur y el mens sana in corpore sano que otrora alimentara su razón de ser, por lo que cada paso que se da tiene que estar minuciosamente planificado y no es imaginable que no haya concienzudos testeos y estudios previos al lanzamiento de cada una de las piezas que configuran el complejo entramado que soporta a la comunicación pública e institucional de un evento de tal magnitud.

A la al menos extraña marca desarrollada por Wolff Olins para los JJOO de Londres 2012 —trabajo que despertó mucha controversia y que costó, según dicen, la friolera de 400.000 libras—, se suma la presentación de Wenlock y Mandeville, las mascotas de los juegos olímpicos y paralímpicos, respectivamente.

Recibo a Wenlock (abajo) y a Mandeville (arriba) desde lejos, pero con la sorpresa que causa una figura extraña; cíclopes cuyos ojos son cámaras (¿qué otra cosa podían ser?), metalizados y aerodinámicos cuya materialización en los eternos y ridículos muñecos animados por algún pobre y sudoroso voluntario es improbable, sino imposible.

Es más, es posible apostar a que sus apariciones serán sólo digitales, sobreimpresas virtual y artificialmente en pantallas y monitores pero invisibles en el mundo de lo real, lo que era, creo, el encanto de las mayoría de sus predecesoras, aún con sus defectos de fabricación.

Ya puedo imaginarme a ambos presentes en videojuegos, en celulares, en iPads e iPhones, en televisores HD, jugueteando con los atletas o presentando un nuevo récord muy probablemente sustentado en un dóping que se descubrirá a los pocos meses, dejando sin medalla a su dueño y manchando un poco más a un tigre al que ya no le molestan para nada sus manchas.

Wenlock y Mandeville —creados por una agencia llamada iris aunque se parezcan más a un producto de Pixar— son las primeras mascotas customizables, según sus creadores.

Es muy interesante
esta aproximación de la BBC al tema y, más aún, el sitio oficial, en donde se va llenado lentamente la vasija del contenido con películas, una sección "armá tu mascota", pequeñas encuestas, accesos a la tienda oficial y los infaltables facebooks y twitters...

Yo, que soy bastante nostálgico para algunas cosas, sigo extrañando a Misha. Y me doy cuenta de que en eso hay parte de la respuesta de para qué cuernos sirven las mascotas.

7 de junio de 2011

Azar


La otra noche, tarde, recalé en esta pizzería, Squzi, que queda en Callao y Corrientes. Si bien la madrugada de la avenida Corrientes siempre tiene algo de lúgubre me gustó ese lugar, me atrajo su diseño y su iluminación. Allí, pude contemplar su simpático menú y ver de cerca su marca. Pero lo más divertido fue ver las alteraciones de la marca que el azar, sumado a un registro descontrolado, hizo en las servilletas de papel...

No sé si habrá sido la hora o qué, pero casi como que me parecieron mejores muchas de las variantes defectuosas de la marca original que la marca original misma.


(Un saludo especial para el pizzero que hizo un panqueque de dulce de leche a las 2.30 am)

31 de mayo de 2011

La lengua popular


Al gran pueblo argentino:

Serás un segmento apetitoso para los medios gráficos que, ante la caída de las ventas en otros segmentos, notarán tu presencia.
Habrá no uno, ¡dos! diarios nuevos que saldrán a competir por tu atención y tu bolsillo.
Y el otro de los diarios*, el Popu, que hace rato vende a lo pavote**, se renovará de pe a pa para dar pelea.
Seguirán interesándote el deporte, los burros y algunos hechos truculentos o bien, algún chisme o escándalo mediático.
La política, la economía y la moda te interesarán menos que a las clases media y alta.
La bolsa de valores y la cotización del euro no te interesará.
Costarán, los diarios que se disputen tus pupilas, no más de dos pesos con cincuenta.
En la portada, gritarás con condensadas palosecos de un modo casi tarzanescamente telegráfico (Libre) y breve; cortito y al pie; palo y a la bolsa.
Las marcas de estos diarios tendrán rojo y seguramente alguna explicación arrevesada y absurda hay para eso.
El Libre, parte de la familia del coqueto Perfil, será un compendio de columnas muy mal compuestas (todos los ríos desembocan en sus páginas...) y textos armados a la manera de un catálogo tipográfico sin ton ni son.
El Popular, de tan canchero que quedó, casi parece irse de un género que pareciera basarse en un diseño sin muchos cuidados ni detalles. Puro prejuicio.
El Muy, que insólitamente usa en los titulos la misma tipografía que el Libre (colegas... ¿no había otra?), será en su interior el primo proletario del rico Clarín (es gráficamente muy fuerte el uso de la misma tipografía para el cuerpo del texto; es como el Clarín ecualizado para el vulgo).
Por si se pierden tus ojos, se usarán renglones, filetes gruesos, para subrayar las líneas de las volantas.
Pareciera que no te interesa el humor o el solaz... ya que casi no hay espacio para chistes o humores gráficos.
Tampoco tendrás mucho tiempo para crucigramas o sopas de letras.
Quedate tranquilo, varón: la "chica Popu" sigue...
Serán, los tres, tabloides.
Serán, los tres, breves, de lectura fácil y rápida.
Tendrán, los tres, más o menos chispa a la hora de titular.
El Popular olvidará que las mayúsculas llevan tilde.

Pueblo argentino, la decisión es tuya.


* Parece un sacrilegio no nombrar a Crónica, pero su incidencia en el mercado de los diarios populares está en caída libre. Casi para una placa roja...
** Cerca de los 100.000 ejemplares diarios; el tercer diario en ventas de toda la Argentina.

23 de mayo de 2011

¡Sos boleta!

Este posteo podría titularse "El diseño gráfico al servicio de la democracia", pero no, opté por el chiste fácil.

El sistema de Boleta Única (BU) que acaba de estrenarse en las internas realizadas en la provincia de Santa Fe (y que próximamente se usará en Córdoba) tuvo su debut en Australia, allá por el año 1856. A partir de allí, según cuenta el Manual Electoral de la provincia, se implementó en la mayoría de los países democráticos del mundo. En Sudamérica, sólo la Argentina y el Uruguay mantienen la boleta tradicional o "sábana". El resto de las naciones apostó ya por esta modalidad, cuya característica más importante es presentarle al votante todas las opciones en el mismo soporte, simultáneamente.

Paralelamente, también deberíamos empezar a despedirnos del "cuarto oscuro" y de elegir en soledad ya que la BU implica una suerte de multiple choice que se realiza en cinco boxes simultáneos, con las autoridades de mesa dentro de las aulas.

Algunas de las ventajas de este sistema son (siempre según el mencionado Manual):


  • La BU agrupa a la oferta electoral completa en un mismo lugar, garantizando el derecho a elegir y ser elegido.

  • Ataca las prácticas clientelares, ya que no será posible contar con las boletas antes de los comicios.

  • Pone fin al negocio de la impresión de boletas, del cual sacaban provecho pequeños partidos.

  • Garantiza la equidad entre los competidores: todos los partidos y candidatos tendrán un espacio y visibilidad equivalentes.

  • El sistema le asegura al votante mayor autonomía a la hora de decidir ya que en contraste con la boleta "sábana" tradicional, hay que seleccionar —mediante una tilde en el casillero que le corresponda— al candidato para cada cargo en particular.
El sistema implementado tiene una apoyatura cromática (cinco colores de boleta —verde, naranja, azul, rojo y amarillo—, uno para cada cargo sometido a elección) y fotografías y emblemas de los partidos, lo que facilita el acceso y el procedimiento de la votación a aquellos ciudadanos no alfabetizados.

De más está decir la importancia crucial que tiene en la eficacia de este sistema un diseño claro y llano de la información.

Todo depende de la manera en la cual el ciudadano se relacione con esta nueva modalidad, con esta nueva manera de votar cuya implementación implica una necesaria inversión en comunicación social* y un aprendizaje en todas las capas de la sociedad. Además, no hay margen de error ya que se trata de una elección de cargos públicos y que, para la salud del sistema y su trascendencia, todo debería transcurrir con la mayor transparencia posible.

Es en estos casos donde el diseño gráfico incide, ayuda, potencia.

La materialización de la nueva boleta, según pude leer, estuvo a cargo del Poder Ejecutivo y en lineas generales el sistema parece haberse estrenado de buena forma.

Quizá uno de sus puntos flojos —del diseño y la planificación; del proyecto— fue que, en algunos casos, las urnas se llenaron de boletas bastante antes de que termine la jornada lo cual obligó a las autoridades de mesa a introducir una regla en la boca de la urna para disciplinar a los apretujados sufragios; el Tribunal Electoral terminó autorizando abrirlas para acomodar las boletas y poder seguir. También, según cuentan, doblar las boletas por las líneas punteadas marcadas para ese fin fue engorroso y llevó más tiempo que la elección en sí .

En suma, nada que no pueda mejorarse para la elección de Córdoba y que, finalmente, llegue a todas las votaciones que se hagan en la República Argentina.

* El Gobierno de Santa Fe (cuya marca es una reconversión escorzada de la de Multicanal...) preparó este didáctico sitio para contarle a todos —todos aquellos que tienen acceso a internet, vale decir— de qué va la mano.