12 de diciembre de 2011

La Robla de Barcelona


El amigo y colega Pablo Magne me solicita que analice esta pieza que se vio estas últimas semanas en el centro porteño.


Luego de que el gobierno dispusiera algunas medidas relacionadas a la compra y venta de divisas, al restaurante La Robla se le prendió la lamparita y decidió convocar a todo quien quiera escucharlo con una suerte de "¡A comer rabas y chupar cerveza que se acaba el mundo!" a través de un afiche cuya puesta tipográfica y sus modales hacen acordar a la gloriosa revista Barcelona.


En la calle, los afiches se destacan a puro codazo y grito y sorprenden por no tener absolutamente nada que ver con el firuleteo presente en los tradicionales locales de La Robla.


De más están, creo, las disquisiciones acerca de cuál es el público objetivo de la pieza y si luego de su pegatina aumentó las ventas de rabas... Este afiche es lo que es y no pretende mucho más: sale al ring a jugar con algo de humor y a, de paso, tratar de tentar a algún transeúnte que sienta un bagre picándole en el estómago.


Mozo, muy rico todo. ¿Me trae la cuenta?

Los salieris de Rodchenko


Y el pobre Alexander se revuelve en su tumba.

8 de diciembre de 2011

Marca personal, segunda parte


Finalmente, Personal cambió su marca. No era una campaña publicitaria efímera; era un cambio de imagen.


A priori, me atrajo el concepto de que cada uno tenga su propia marca de su empresa de telefonía celular, basada, la marca, en la propia grafía —en la propia escritura— y en aquello de que "cada persona es un mundo", derivando en algo secundario y no menos cierto: cada persona es, en alguna medida y grafólogos aparte, como su escritura.


Ese concepto, novedoso en el escenario de la identidad de este tipo de empresas de gran escala al que estamos acostumbrados, lamentablemente se queda en lo cosmético, en el maquillaje y en los cánones aceptados de armonía y belleza. Por otro lado, pensándolo bien, es absurdo creer que la empresa se propondría subvertir aquellos cánones... pero el saborcito a artificio, a impostura, a letras poco reales, que se siente en los avisos de Personal es sumamente molesto.


Las palabras Personal escritas por, supuestamente, sus variopintos clientes son todas muy parecidas, todas prolijitas, todas atadas a normas de buen gusto y proporción que, hoy por hoy, en el reino del teclado y del SMS, parecieran pecar de irreales, de mascaradas.


Hay un hecho: se escribe menos que antes y, con toda probabilidad, se escribe más feo. Esto último por no ser prioritaria, en la escuela primaria y secundaria, la ejercitación, que podríamos llamar caligráfica, que nuestros padres y abuelos sí hicieron y que redunda en letras quizá más impersonales pero rotundamente más bellas que las nuestras, que las actuales.


La nueva marca de Personal, en esta pose ficticia que construye, en donde todos estamos igual de contentos y escribimos igual de lindo, termina siendo lo que una modelo es a una mujer real: la exageración de lo constituido socialmente como bello y la anulación, por ser incómodos y de esquiva compartimentación, de los rasgos particulares, personales.

7 de diciembre de 2011

La casa del herrero


La Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo (FADU) de la Universidad de Buenos Aires es la mayor usina de diseñadores —¿proyectistas?— de la Argentina. También es la más prestigiosa, pese a los embates que sufre año a año su presupuesto y las condiciones laborales de sus docentes, entre los cuales me cuento, orgulloso.


Este post no profundizará en aquellos aspectos, importantes, sino en otros, más relacionados con la esencia de la facultad, con su función, con sus alcances. Tampoco se mencionarán cuestiones relativas a la infraestructura y a la limpieza ya que exceden el objetivo del presente texto.

Ocurren algunas cosas llamativas en la FADU que parecen perpetuarse en el tiempo y que no tienen lógica alguna. O sí, pero una lógica apoyada en la desidia, la inoperancia y la ineptitud.

En la FADU se forman diseñadores de seis tipos: si se me permite la descripción, hay diseñadores del "espacio habitable" (más conocidos como arquitectos); industriales; gráficos; de indumentaria; de imagen y sonido y, por último, del paisaje. La idea de diseño encarna otra, precedente y vital, que es la de proyecto: la posibilidad de resolver problemas concretos de una manera novedosa que optimice recursos y materiales. Bruno Munari compara la idea de proyecto con la realización de una simple receta de cocina en donde hay un plato terminado ideal al que se llega a través de pasos consecutivos que hay que cumplir disciplinadamente.

No quiero desenfocarme, pero vale decir que en la FADU, día a día, hay cientos, miles de proyectos en marcha, esperando materializarse, de manera módica, en láminas, planos, prototipos, moldes para, luego, ser corregidos. Proyectos que buscan resolver problemas de distinta índole, más o menos fantasiosos, más o menos reales, más o menos útiles para la sociedad.

¿A qué voy? A que llama poderosamente la atención que la misma FADU sea invisible para lo que la FADU produce. La FADU sufre una ausencia flagrante de diseño en todos los campos que ella misma intenta abarcar, que ella misma intenta construir a través de las disciplinas que enseña.

Puntualizo:

  • En la FADU se ha dejado de lado la arquitectura, ya que su edificio se encuentra mal cuidado, con espacios desaprovechados, heladera en invierno y estufa en verano y con innumerables disfuncionalidades que se advierten sin ser un especialista.
  • En la FADU se ha dejado de lado el diseño gráfico, porque sufrimos una de las más caóticas señalizaciones jamás realizadas; porque todos los formularios y carteleras que vinculan administrativamente a la FADU con sus habitantes parecen hechos por un maestro de la confusión; porque cada área tiene su discurso visual y todo resulta en un coro desafinado y sin dirección. Porque, al fin y al cabo, no existe una identidad definida, clara; la marca de la facultad cambia sin ton ni son y, lo que es peor, su discurso y su comunicación están desajustados y son poco fluidos.
  • En la FADU se han dejado de lado las ventajas del diseño industrial, ya que de otro modo no podríamos padecer bancos y mesas líderes en incomodidad, rotos, desparejos, rengos. La ergonomía parece no tener jurisdicción en los talleres de la FADU, aunque se la mencione religiosamente en talleres, apuntes y clases teóricas.
  • En la FADU no existe el diseño de paisaje, a pesar de que la Ciudad Universitaria es potencialmente rica en esas lides, rodeada de verde y árboles que, contrariamente a lo que debería, parecen haber crecido a la buena de Dios.
  • A priori pensé en uniformes, pero me suena a algo bastante torpe y limitado. Digo, no se me ocurre de qué modo el diseño de Indumentaria ayudaría a que la FADU sea mejor, pero sin duda ese modo existe. Sólo hay que buscarlo.
  • Y ni hablar, en estas épocas de fuerte acento audiovisual, del jugo que se le podría sacar a la Imagen y al Sonido...

En resumen, me refiero que es insólito que la FADU misma no sea ella misma un paradigma del buen diseño, albergando, como lo hace, a muchos de los mejores diseñadores del país.

Algún pícaro dirá que es un tema de presupuesto, de recursos. Creo que no, que no pasa por ahí. La cosa es la ausencia de ideas, de gestión, de propuesta y de propósito. No creo que sea difícil que la FADU consiga fondos y tampoco creo que sean millonarios los que se precisan para que la facultad sea un espejo de lo que enseña.

Me pregunto algo básico ¿de qué modo puede incidir la FADU en la sociedad si no puede resolver problemas básicos de diseño que la aquejan intramuros? El ejemplo de la señalética basta como una muestra cabal del desapego, del destrato, de la desidia.

¿Qué nos impide pensar en autosatisfacer las necesidades de diseño puertas adentro? No veo, de verdad, obstáculos. Podrían hacerse concursos internos, establecer comisiones de trabajo intercátedra, o nombrar "a dedo" a los encargados de hacer el trabajo que haga falta hacer... lo que sea, será mejor que lo que es.

Aún estando molesto por sentir que nos ahogamos una y otra vez en diminutos vasos de agua, escribo este post desde el afecto y desde el cariño que le tengo a una casa de estudios en la que estudié, me gradué y en la que, desde hace algunos años, intento enseñar.