23 de abril de 2012

¡Flash!


En Diseño gráfico, más precisamente en Tipografía, mucho se habla de inteligibilidad, de lecturabilidad, de la posibilidad cierta de comprender mejor, más cómoda y descansadamente un contenido a partir del buen uso y manejo de las letras y del espacio gráfico.


No menos cierto es que todos los que leemos hacemos, como contraparte, el esfuerzo necesario para comprender lo que se nos presenta ante los ojos, aunque el diseñador o quien fuera no haya tenido demasiada consideración en la composición de los textos.


La confusión es un relámpago, dura décimas de segundo. Luego, gracias a que intentamos asignarle sentido a aquello que por una fracción mínima de tiempo no lo tuvo, todo se clarifica y vuelve la paz, el sosiego.


En ese flash provisto por el desajuste, leemos fotor
Sí, leí fotor. Y me detuve, paralizado.
Luego del pestañeo, apareció grafías y todo volvió a su cauce natural: la f volvió a ser f y la palabra fotografías reclamó su lugar. Nada grave.
Seguí caminando.


Como nota al pasar, agrego que el libro es de lujo; un compendio de fotos de la revista del New York Times. Cuesta un Perú y la mitad de Ecuador.

La salud de las instituciones


Que la relación entre la policía y la sociedad es conflictiva no es nuevo. Por lo menos entre nuestra policía y nuestra sociedad. Más precisamente, entre la Policía Federal y los porteños.
Tampoco es novedad que la imagen de la policía se ve una y otra vez empañada por policías que roban, matan, torturan y estafan. 


Cada tanto, la policía da en la tecla y resuelve crímenes o atrapa a los malos de la película. Otras veces planta pruebas y atrapa perejiles. También suele reprimir, tener facilidad para apretar el gatillo y maltratar detenidos. En el Proceso, sin ir más lejos, la Policía tuvo un rol protagonista lo que, intuyo, hace irreconciliables algunas cosas entre parte de la sociedad y la institución.


Personalmente, y dejando momentáneamente todo lo dicho de lado, creo que trabajar en la imagen y en la identidad de la policía representaría un desafío profesional interesante. 


Hace no demasiado tiempo los patrulleros tuvieron un rediseño que los llenó de iconos invisibles amén de disfrazar a qué comisaría pertenece cada móvil, privilegiando al 911 como canal de comunicación entre la comunidad y sus servidores (recordemos: los patrulleros anteriores a los actuales tenían inscripta en sus puertas delanteras la leyenda "Al servicio de la comunidad").


¿Hasta qué punto la credibilidad de una organización se apoya en su discurso gráfico? ¿Es posible remediar años de desencuentros y de rencores mediante estrategias de comunicación proyectadas para lograr ese efecto? Las respuestas a estas y otras tantas preguntas podrían ser muy interesantes de ensayar, pero exceden el objetivo de este post que es, lisa y llanamente, mostrar el cartel que da la bienvenida a un terreno casi baldío, con veredas mugrientas y llenas de basura, que hace las veces de playón de estacionamiento de la comisaría 12. Es este sitio se alojan vehículos detrás de un portón como los de las obras en construcción (las hojas son los soportes de grandes carteles publicitarios) asegurado con una cadena y un candado.


Más allá de lo que anuncia, ¿qué significa la materialidad de este cartel? Que en la policía todo se hace de manera improvisada y con dos mangos; que en la comisaría 12 todo se ata con alambre. Que todo es provisorio.


Sin que su voluntarioso autor siquiera lo sospeche el cartel mancha, afecta, no solo a la comisaría 12 sino a toda la Policía. Como todos ya estamos acostumbrados a las manchas del tigre, no las vemos... pero están, siguen estando.