23 de abril de 2012

¡Flash!


En Diseño gráfico, más precisamente en Tipografía, mucho se habla de inteligibilidad, de lecturabilidad, de la posibilidad cierta de comprender mejor, más cómoda y descansadamente un contenido a partir del buen uso y manejo de las letras y del espacio gráfico.


No menos cierto es que todos los que leemos hacemos, como contraparte, el esfuerzo necesario para comprender lo que se nos presenta ante los ojos, aunque el diseñador o quien fuera no haya tenido demasiada consideración en la composición de los textos.


La confusión es un relámpago, dura décimas de segundo. Luego, gracias a que intentamos asignarle sentido a aquello que por una fracción mínima de tiempo no lo tuvo, todo se clarifica y vuelve la paz, el sosiego.


En ese flash provisto por el desajuste, leemos fotor
Sí, leí fotor. Y me detuve, paralizado.
Luego del pestañeo, apareció grafías y todo volvió a su cauce natural: la f volvió a ser f y la palabra fotografías reclamó su lugar. Nada grave.
Seguí caminando.


Como nota al pasar, agrego que el libro es de lujo; un compendio de fotos de la revista del New York Times. Cuesta un Perú y la mitad de Ecuador.

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