6 de septiembre de 2011

Diseño impostor


No me considero un tipo especialmente alerta pero sí me sé parte de la generación que convive con el spam (correo no deseado o basura) y que sabe de la existencia de fraudes basados en envíos de mails falsos y malintencionados.

Es frecuente que me gane seis millones de euros en una lotería que jamás jugué; que sea invitado a participar de redes sociales ignotas o a viajar en cruceros paradisíacos o que tenga, a un click de distancia, acceso a variados placeres carnales.

La trampa es siempre la misma: disfrazado en un texto mejor o peor escrito, se encuentra el convite "Haga clic aquí para...". Ese botón nos llevará a un sitio que no es el que esperábamos y que, si todo transcurre como el delincuente informático previó, descargará y ejecutará un virus en nuestra computadora que nos hará más o menos daño.

Sigo sin darme cuenta cuál es la ganancia de molestar a la gente con estas cosas; sólo se me ocurre vincular este tipo de campañas maliciosas con el negocio de los antivirus pero a veces estoy tentado de pensar que hay algunas personas que disfrutan con el mero de hecho de joderle la vida a los demás.

Hoy encontré en mi casilla un correo de mi banco que realmente me sobresaltó. En él me cuentan que mi cuenta tuvo accesos desde distintas IPs y que han procedido a bloquearla por pura precaución. Para destrabarla y establecer una "conexión segura" me solicitan que —se viene, se viene...— haga clic en un vínculo al final del correo. Me facilitan un número de reporte y hasta el número de IP que les llamó la atención.

Un tanto sorprendido y preocupado, me puse a pensar desde dónde había accedido a la cuenta y me aseguré de que sólo lo hubiera hecho desde mi computadora personal (por ende, desde una misma IP). Ya sospechando, ubiqué el puntero de mi mouse por encima del link al final del mail y comprobé la estafa: está dirigido a www.thegoo.info/jsp/(...), es decir, nada que ver con el banco en cuestión.

¿Qué reflexión me dispara este pequeñísimo hecho virtual? Que los autores del correo —aún sin saberlo— se dieron cuenta del factor legitimizador del diseño gráfico. Y con diseño me refiero a la particular combinación de colores, formas, tipografías, texturas y demases que, utilizada para joderle la vida al prójimo, puede brindarle a un enunciado falso o engañoso un marco verosímil que le allane el camino a una estafa, robo de identidad o lo que sea.

En este caso puntual, el correo apela a un universo gráfico actualizado y bastante preciso: la marca nueva, la alusión a la relativamente novedosa tarjeta de coordenadas y una imagen que, aunque pequeña y un tanto impersonal, bien podría ser parte de un mail oficial del banco. Abajo, el sello de Verisign, una empresa encargada de hacer más seguras las conexiones a internet y, abajo, algo que da la primera pista de que algo raro hay en todo esto: ¡copyright 2011 del banco! ¿Para y por qué habría de registrarse un mail de estas características?

En resumen, no es difícil pensar que este tipo de correos tiene muchas más chances de tener éxito que aquellos que, no hace mucho tiempo atrás, llegaban desnudos, escritos en texto plano y que uno borraba con una sonrisa causada por algunas de las absurdas ocurrencias de los encargados de redactar los correos.

Valga este post para hacer un llamado de atención y que todos estemos un poco más atentos a la llegada de correo basura cada vez más sofisticado y camuflado con el otro.

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