7 de diciembre de 2011

La casa del herrero


La Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo (FADU) de la Universidad de Buenos Aires es la mayor usina de diseñadores —¿proyectistas?— de la Argentina. También es la más prestigiosa, pese a los embates que sufre año a año su presupuesto y las condiciones laborales de sus docentes, entre los cuales me cuento, orgulloso.


Este post no profundizará en aquellos aspectos, importantes, sino en otros, más relacionados con la esencia de la facultad, con su función, con sus alcances. Tampoco se mencionarán cuestiones relativas a la infraestructura y a la limpieza ya que exceden el objetivo del presente texto.

Ocurren algunas cosas llamativas en la FADU que parecen perpetuarse en el tiempo y que no tienen lógica alguna. O sí, pero una lógica apoyada en la desidia, la inoperancia y la ineptitud.

En la FADU se forman diseñadores de seis tipos: si se me permite la descripción, hay diseñadores del "espacio habitable" (más conocidos como arquitectos); industriales; gráficos; de indumentaria; de imagen y sonido y, por último, del paisaje. La idea de diseño encarna otra, precedente y vital, que es la de proyecto: la posibilidad de resolver problemas concretos de una manera novedosa que optimice recursos y materiales. Bruno Munari compara la idea de proyecto con la realización de una simple receta de cocina en donde hay un plato terminado ideal al que se llega a través de pasos consecutivos que hay que cumplir disciplinadamente.

No quiero desenfocarme, pero vale decir que en la FADU, día a día, hay cientos, miles de proyectos en marcha, esperando materializarse, de manera módica, en láminas, planos, prototipos, moldes para, luego, ser corregidos. Proyectos que buscan resolver problemas de distinta índole, más o menos fantasiosos, más o menos reales, más o menos útiles para la sociedad.

¿A qué voy? A que llama poderosamente la atención que la misma FADU sea invisible para lo que la FADU produce. La FADU sufre una ausencia flagrante de diseño en todos los campos que ella misma intenta abarcar, que ella misma intenta construir a través de las disciplinas que enseña.

Puntualizo:

  • En la FADU se ha dejado de lado la arquitectura, ya que su edificio se encuentra mal cuidado, con espacios desaprovechados, heladera en invierno y estufa en verano y con innumerables disfuncionalidades que se advierten sin ser un especialista.
  • En la FADU se ha dejado de lado el diseño gráfico, porque sufrimos una de las más caóticas señalizaciones jamás realizadas; porque todos los formularios y carteleras que vinculan administrativamente a la FADU con sus habitantes parecen hechos por un maestro de la confusión; porque cada área tiene su discurso visual y todo resulta en un coro desafinado y sin dirección. Porque, al fin y al cabo, no existe una identidad definida, clara; la marca de la facultad cambia sin ton ni son y, lo que es peor, su discurso y su comunicación están desajustados y son poco fluidos.
  • En la FADU se han dejado de lado las ventajas del diseño industrial, ya que de otro modo no podríamos padecer bancos y mesas líderes en incomodidad, rotos, desparejos, rengos. La ergonomía parece no tener jurisdicción en los talleres de la FADU, aunque se la mencione religiosamente en talleres, apuntes y clases teóricas.
  • En la FADU no existe el diseño de paisaje, a pesar de que la Ciudad Universitaria es potencialmente rica en esas lides, rodeada de verde y árboles que, contrariamente a lo que debería, parecen haber crecido a la buena de Dios.
  • A priori pensé en uniformes, pero me suena a algo bastante torpe y limitado. Digo, no se me ocurre de qué modo el diseño de Indumentaria ayudaría a que la FADU sea mejor, pero sin duda ese modo existe. Sólo hay que buscarlo.
  • Y ni hablar, en estas épocas de fuerte acento audiovisual, del jugo que se le podría sacar a la Imagen y al Sonido...

En resumen, me refiero que es insólito que la FADU misma no sea ella misma un paradigma del buen diseño, albergando, como lo hace, a muchos de los mejores diseñadores del país.

Algún pícaro dirá que es un tema de presupuesto, de recursos. Creo que no, que no pasa por ahí. La cosa es la ausencia de ideas, de gestión, de propuesta y de propósito. No creo que sea difícil que la FADU consiga fondos y tampoco creo que sean millonarios los que se precisan para que la facultad sea un espejo de lo que enseña.

Me pregunto algo básico ¿de qué modo puede incidir la FADU en la sociedad si no puede resolver problemas básicos de diseño que la aquejan intramuros? El ejemplo de la señalética basta como una muestra cabal del desapego, del destrato, de la desidia.

¿Qué nos impide pensar en autosatisfacer las necesidades de diseño puertas adentro? No veo, de verdad, obstáculos. Podrían hacerse concursos internos, establecer comisiones de trabajo intercátedra, o nombrar "a dedo" a los encargados de hacer el trabajo que haga falta hacer... lo que sea, será mejor que lo que es.

Aún estando molesto por sentir que nos ahogamos una y otra vez en diminutos vasos de agua, escribo este post desde el afecto y desde el cariño que le tengo a una casa de estudios en la que estudié, me gradué y en la que, desde hace algunos años, intento enseñar.

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