30 de agosto de 2012

Knock out


En el cine argentino es frecuente ver películas cuyos afiches parecen haber sido diseñados 15 minutos antes del estreno, ya sin energías, sin ideas y, sobre todo, sin dinero.

El panorama suele oscurecerse en producciones cuyos presupuestos parecieran, de antemano, ser lo suficientemente abultados como para planificar el diseño de las piezas gráficas (afiches, avisos, press books, secuencia de títulos* y muchos etcéteras) con comodidad y para evitar sobresaltos o resultados de baja calidad que, en cierto modo, afectan en alguna medida —sin dudas mensurable— la percepción que el público tiene sobre el film. Al menos, de parte del público.

Sin embargo, cualquiera que haya ido al BAFICI sabe que hay muchas películas argentinas independientes y de bajo presupuesto que cuidan mucho "la gráfica" y establecen una sólida y coherente relación con el público desde el mismo momento en que sus afiches se pegan en la pared. Bienvenidas todas ellas.

Yendo al grano: si hay un deporte que tiene un bagaje visual rico y sustancioso es el boxeo. Existe un arraigado lenguaje gráfico y tipográfico que constituye la identidad, muy fuertemente, de ese deporte. El boxeo es un deporte con personalidad propia. 

La película La pelea de mi vida trata sobre la vida de dos boxeadores. Y los diseñadores de sus piezas gráficas decidieron —o fueron obligados a— ignorar el registro visual propio del box y apelar a recursos impersonales, con efectos en las letras más del tipo "Los bañeros más locos del mundo 2" que de la querible y sincera precariedad del pugilato. 

Y no faltará quien diga que el boxeo también sabe de brillos y de luces... y es verdad. Bueno, tampoco se apeló a esa suntuosidad algo kitsch que tienen todos los grandes combates por el título.

No: mejor que vayan bien, bien grandes las fotos de los galanes que convocan con sus cuerpos transpirados y musculosos; el niño en el medio (que hace del hijo de uno de los dos, según escuché) y una sombra de un ring, como para echarle una última gotita al vaso de la literalidad.

Lo escribo porque lo creo profundamente: una película con un afiche malo tiene muchas más chances de ser mala y, por otra parte, un afiche bueno de una gran película... es de colección.

En este caso, no queda otra que esperar las críticas.


* Alguna vez entenderé porqué el diseño de las piezas gráficas es distinto (muchas veces de manera desconcertante) al diseño de los títulos de la película. Todavía no llegó ese momento.

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