18 de agosto de 2011

En casa de herrero...


Hace no mucho tiempo las autoridades de la Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo de la UBA se renovaron. Dicha casa estuvo numerosos meses sin decano, aunque nada pasó y todo siguió funcionando como cuando tenía decano, lo cual no deja de ser intrigante.

Yendo al grano: una de las medidas visibles de las nuevas autoridades fue encarar un cierto rediseño de las piezas institucionales en las cuales se comunican resoluciones, informes y demás cuestiones. Otra novedad es la radical renovación del diseño de los correos que envía la Secretaría de Posgrado con su oferta de cursos de actualización, en cuya cabecera también se observa con sorpresa una nueva marca de la FADU, que riega aquello de que las nuevas gestiones cambian todo, hasta lo que no haría falta cambiar.

El buen diseño radica en los detalles. Muchas veces esos detalles son bien pequeños, sutiles. El buen diseño es una construcción en la que el diseñador define límites y establece reglas de juego que idealmente deberían ser cumplidas, al menos, ¡por él mismo!

En esta nueva cabecera, de cuyos valores estéticos no voy a abrir juicio, propone un código cromático para cada una de las carreras que se cursa en la facultad. A los diseñadores gráficos nos tocó el naranja. No es difícil pensar que, por su simpleza —un acierto—, ese código será aplicado en la lectura del mail.

¿Cuál es el problema de esta, en principio, buena idea? Que en el contenido del correo cada curso tiene una misma cabecera, con un mismo color (azul) lo que inmediatamente hace pensar que son todos cursos destinados a arquitectos. Pero no, salvo que a los arquitectos les interese el diseño de vestuario escénico.

Esta tontería, esta pavada, este autoboicot es el que hace crecer la confusión en donde no debería existir, ya que se proyectó un modo simple de combatirla (el código de colores). Daltonismo aparte, qué fácil sería que, por la mera visualización del color uno pudiera identificar qué cursos son de su profesión y cuáles no.

Tonterías y pavadas como esta son gran parte de la base del buen diseño.

1 comentario:

Javier Bernardo dijo...

A mi también me llamó la atención. Y se me hizo inevitable relacionar el estado actual de la FADU con la desarticulación y deconstrucción del nuevo signo tipográfico. El cual aunque elegante en su elección tipográfica (elegancia ajena a la institución), el signo se lee ambiguo, incompleto y con cierta afectación...