2 de agosto de 2011

Mal aliento

Vaya a saber uno en qué momento los edificios empezaron a tener —¿a necesitar?— marcas.

Ya en el baile, proliferan grandes cantidades de pomposos nombres, muchas veces en inglés —Terrazas de Goyena, Altos de Belgrano, Palermo Studios&Suites, Relax&Living, Luxury Towers y la mar en coche— que evocan una vida que poco tiene que ver con la urbana y menos todavía con la calidad de los elementos utilizados en la construcción que, muchas veces, nos hacen dar de frente contra bachas que se caen repentinamente al piso o muebles de cocina fuera de escuadra o aires acondicionados que no funcionan o canillas que gotean. Todo, apenas uno firmó la escritura.

En fin, ¡pobres los colegas que tienen que diseñar estas marcas! La mente se les termina quemando tanto, que ya ni ven que en realidad están atascados en el pomo de un dentífrico...

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