1 de noviembre de 2011

Compostura


Cuando Rudolf Arnheim habla en su libro Arte y percepción visual de fuerzas perceptuales se preocupa por distinguir que no son para nada abstractas sino puramente sensibles: se sienten, físicamente, como las fuerzas mecánicas.


Así, la tensión, el equilibrio, el movimiento, el peso, entre otras fuerzas, tienen un correlato sensorial que muchas veces no puede explicarse con palabras pero que, no obstante, existe. También podría decirse que cuando una composición (entendiendo al acto de componer como el ejercicio de un control consciente de las fuerzas perceptuales; actividad primaria y primordial de todo diseñador gráfico) no está bien resuelta se siente algo en el estómago, un leve disgusto, un atisbo de incomodidad, cierto irritante cosquilleo.


Luego de este breve introito teórico, vamos a la calle: en el caso del afiche cuya imagen observamos se da lo que Arnheim llama ambigüedad, que es aquello que ocurre cuando alguno o algunos de los elementos integrantes de la composición no parecen ocupar el lugar que les corresponde sino que parecen estar "a mitad de camino" o bien, en franca incomodidad o pleito con sus vecinos.


De este modo, la cabeza de Kirchner establece una tensión no resuelta con el plano verde y con el "04", haciendo que ambos elementos compitan, se repelan y, por ende, no convivan de manera armónica en el plano.


Sólo de manera constructiva —y sin ánimos destituyentes— propongo rápidas maneras de resolver este problema compositivo, sin modificar los elementos gráficos de la pieza, sólo reubicándolos convenientemente.


La primera opción es la siguiente:




Separar a Kirchner del bloque de texto, generando el aire suficiente para que la tensión se disipe y se restablezca la armonía. Sin embargo, hay un problema colateral: la mano se corta de manera inconveniente, quedando trunco el gesto del saludo. 


De este modo, llega la segunda alternativa:




Una trampita muy utilizada en nuestro medio: espejar la foto, siempre y cuando no haya elementos que nos manden en cana. En este caso no los hay... pero la mano entra en zona de riesgo con el NESTOR, por lo que resolvemos el problema de la cabeza pero nos compramos otro con la mano.


Ahora sí, quizá, la mejor opción:




El enroque: que la entrada de la pieza sea por lo textual y que luego se siga por lo icónico, saliendo por la mano de Kirchner (que en este boceto, hecho en 25 segundos, se corta groseramente) y que coincide casi mitológicamente con el sol patrio.


Así, quedan zanjadas todas las tensiones no resueltas y el afiche reposa en cimientos más sólidos. Y todos contentos.

1 comentario:

H L dijo...

La mano y el sol patrio, es un hallazgo del fotógrafo. En otro aspecto persiste una 'inadecuación'.
El evento consiste en una muestra fotográfica 'artística' anunciada con el estilo tipográfico de un afiche masivo, callejero, político... Como si te pasara la pequeña música nocturna mozartiana con un megáfono de camión de verdura. Tiene razón Arnheim, 'el diseño es un sentimiento'.