26 de marzo de 2012

¡Ave María purísima!


—Maidana, hijo mío.
—Padre.
—¿Todo en orden?
—Sí, sí. Acá, recogiendo mis cosas; ya me iba.
—¿Ya te ibas?
—Sí, pude terminar hace un rato. Usted no había llegado todavía.
—Aha...
—¿Todo bien, padre? ¿Le gusta el trabajo? ¡No me diga que escribí mal Christo! ¡Ja, ja!
—¡Ja! No... no es eso, hijo.
—Ah... ¿Entonces?
—El espacio entre las letras, Maidana... ¿No lo notas algo irregular?
—Mmm... ¿Usted sabe que sueño con el espaciado?... Es una pesadilla... ¿Qué pasó ahora?
—Mira la fachada, hijo. Mírala atentamente.
—Sí, miro.
—¿Y?
—¿Y qué pasa?
—Maidana, hijo, no me la hagas difícil. Dime la verdad y listo.
—...
—No es posible escapar de Dios, Maidana. A mí puedes mentirme, a Él no.
—¿Qué quiere que le diga? Venía bien hasta el SA, de SALVATORI... Después me di cuenta de que había medido mal y que todo me iba a quedar descentrado. Entonces separé la L, a ojo, pero si usaba el espaciado entre la A y la L para las letras que faltaban, no me iban a entrar... Entonces volví a la plantilla anterior y la usé para la V y la A.
—¿Y el espacio entre A y TORI?
—Y... de nuevo intenté recalcular y me volví a pasar de largo... Entonces, para ir a lo seguro, al TORI lo volví a espaciar como a las primeras letras.
—¿Porqué no avisaste de esto al obispo antes de tomar tantas decisiones?
—No sé... tenía miedo de que se enoje conmigo. Que me castigue Jesús, Dios... No sé. Preferí seguir y terminar el trabajo que me pidieron.
—¿Coincides conmigo, hijo mío, que se lee SA   LVA   TORI?
—...
—¿Coincides?
—Y... puede ser.
—Tú sabes bien que la simetría es signo de belleza y que Dios es belleza. Por lo tanto, en la Iglesia, que es la casa de Dios, debe prevalecer la más pura de las simetrías, ¿no es así?
—Sí, padrecito.
—Y ahora tú nos has dejado un frontispicio perturbador, asimétricamente perturbador. Intolerablemente perturbador.
—Padre, le ruego m...
—No, no. Dejemos el juicio de tus actos al Señor. No soy yo el que debe perdonarte.
—¡Ay, padre! Si algo pudiera hacer...
—En principio, empecemos con 40 azotes. Después veremos... Es que ha sido grave tu afrenta.
—¡Ay, no!
—...
—Entiendo, padre. ¿Dejo mis cosas acá?
—Sí, sí. Pasa nomás, nos vemos adentro.

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